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Memorias de un soldado de la República

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Ghost
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Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Ghost el Sáb 11 Abr 2009, 23:45

Bueno... He empezado un relato. De momento no hay imágenes, pero espero mañana o el lunes como muy tarde subir una parte con imágenes de todo tipo... Espero que os guste, aunque no esperéis de mi demasiado xD.



Soldados de la República


Tiempo ha que la llama de la soldadesca vida de mi juventud se ha apagado. Las jornadas en la frontera con Flandes, las charlas que mantenía a veces con José y los demás muchachos junto a una vieja taberna demolida durante la invasión, la faz del huraño mar en las largas singladuras a bordo de nuestros fieles filibotes...

Todo hace tiempo que se extinguió, aplastado por la bota de la burocracia y de la política. Dicen ahora que las tropas de nuestro bienamado Estatúder han entrado en Reykiavik (o como diablos se escriba), y que somos la Nueva Roma, ¡Pero vayan a saber vuestras mercedes! ¡También dijeron que los cañones españoles, por estar hechos mal y rápido, se trancaban al disparar!, ¡Y cuántos buenos muchachos cayeron bajo las balas y los kilos de metralla!...

Pero discúlpenme vuestras mercedes por tan aburrido soliloquio.

He de decir que esos españoles eran gente muy ruda. Habían tomado las Provincias Unidas por herencia de un rey suyo, según creo recordar un tal Ciarlos, o Carlos, o quizás Paco, perdonen que me líe con nombres extranjeros... De algo estoy seguro, era el Quinto, ¿O quizás el Primero...?
Bueno... si me lo permiten vuestras mercedes, he de añadir que también era gente muy entregada, con mucho coraje, con un sentido del honor bastante fuerte (lo cual se traducía en que no se solían retirar hasta haber muerto casi todos), y muy amigos de sus amigos.
El viejo José, que en paz descanse, era muy buen camarada, y fue cabo de nuestra unidad durante mucho tiempo. Él era un "español" (de padres españoles, más bien) nacido, criado y crecido en Utrecht, creo, y se podía palpar su origen español: era amigo de la cerveza y los duelos, pero también corajudo y no solía vacilar como yo cuando cargábamos. Recuerdo perfectamente que nunca noté que le temblaran las piernas, ni siquiera durante la carga contra los cañones que escupían metralla allá por la Campaña Prusiana... Aquella vez, sí, fue entonces cuando cayó la mitad de la unidad, creí que no...

Bueno, no adelantemos acontecimientos.

La cuestión que nos ocupa es que nos habían dicho que había que recuperar Flandes, que se supone "era la tierra de nuestros abuelos", y por la que "miles dieron su sangre y su aliento", y, al parecer, otros tantos los darían otra vez.

Las hostilidades contra España eran cada vez mayores, y siempre nos contaban cómo nuestros "amigos los corsarios" (piratas más bien, que uno es ingenuo pero no tanto) y nuestros camaradas de las colonias bloqueaban un puerto español durante algún tiempo y saqueaban los barcos repletos de plata y oro del rey español. Que por cierto era un hombre bastante deplorable, enfermo de algo, según creo recordar, creo que de la chota. Además no había tenido hijos. Menos mal que nuestro amadísimo y grandioso Estatúder nos ha salido un hombre inteligente y líder nato. Menos mal que somos una república.



Flandes, la Primera Invasión


Como si fuera ayer, como si fuera ayer lo recuerdo. Las largas marchas junto a la frontera con Flandes, por aquel entonces era yo piquero del 5º Regimiento del Ejército de la "Frontera Gloriosa", como la solían llamar.

Nuestros barcos, como ya he dicho, eran muy propensos a darse al oro ajeno, y, al parecer, en uno de los galeones que habían "confiscado" nuestros camaradas había un noble, una especie de ciudadano con poderes especial, no pagaba impuestos y tenía "sirvientes", ¡Por Dios! ¡Ni que fuera Estatúder!, menos mal que aquí todos somos iguales.
Bueno, perdonen que desvaríe. La cosa es que ese barbilindo era, según parece y según recuerdo, un amigo de un Conde, o quizás de un Conde-Duque de España, y le sentó muy mal todo aquello, así que al mes ya estaba la declaración de Guerra firmada, y recuerdo haber leído en "La Prensa Libre" que nuestros soldados habían arrebatado sólo en un mes una colonia a los españoles. Hasta hoy me pregunto cómo nos llegó esa información un mes y medio después de las hostilidades si sólo en el viaje de ida a las Indias Occidentales, se ocupa casi 8 meses.


... ordenó detenerse y formar en fila de a cuatro...


Las largas patrullas se sucedían, y fuimos a parar cerca de cierto monte cuando el oficial al mando ordenó detenerse y formar en fila de a cuatro.
El ejército principal había avanzado un considerable trecho Flandes adentro, y, según había oído, los españoles les salieron al encuentro, con más de 1500 hombres por bando (aunque el nuestro los superaba tanto en número como en calidad, según nos contaban), la sangría estaba servida.
Aquella mañana no tenía nada de singular, pero nos habían ordenado adelantarnos al flanco derecho, y cerca del susodicho monte, tras detenernos, divisamos a una unidad española de jinetes acercándose condenadamente rápido: nos habían visto, y parecían cargar de frente. Nunca sabré si fue un golpe de suerte haber cambiado nuestro rumbo en el último momento, pues según reflexioné estremeciéndome luego, si hubiésemos seguido en la dirección a la que íbamos, nos habrían cogido por la espalda y en columna.

Los jinetes se acercaban como alma que llevaba el diablo, y cayeron como demonios sobre nosotros. Algunos incluso salían disparados de los caballos cuando las picas ensartaban a los pobres animalitos.
En esos menesteres andábamos cuando Karl, que era el tamborilero de la unidad, y con el cuál parecía condenado a entenderme (cosa no muy difícil, pues era conocido mío desde crío), pues me tocaba siempre marchar detrás de él, se lanzó con su espada a por un jinete español y lo atravesó de parte a parte en el cuello. El pobre tipo tenía una mirada interrogante, no debía de haberse dado cuenta de lo que tenía en la garganta cuando cayó, muerto, sin saber que moría.
En ese momento el corneta de la caballería enemiga, como atraído por su Némesis, se acercó hacia nuestro lado a paso ligero desgarrando el cuello con su espada por el camino a uno de nuestros camaradas, uno de Groninga que creo que se llamaba Mirjeel, o algo parecido. Pobre diablo, no merecía morir así.
La cosa va de que el tipo se nos acercó y empezó a dar tajos como un loco, pero de pronto paró, como hechizado y se quedó mirándome: el jodio (perdonen la imprecación) se parecía muchísimo a mi, con ojos verdes y todo, fue momento que aprovecharon mis avispados camaradas, que, al grito de "¡Sin cuartel a los tiranos!", lo cortarlo convenientemente a la altura del pecho, casi partiéndolo en dos de un tajo y un "picazo" casi simultáneos.


... pero de pronto paró, como hechizado...


El corneta cayó hecho un estropajo y yo corría hacia la parte de atrás de la unidad, ya que veía que los pocos jinetes que quedaban se daban a la fuga, y los compañeros de delante se corrían inútilmente a por ellos.
Total, que me quedé un poco solitario cuando vi, junto a los cadáveres del corneta y de dos camaradas, a un jinete, que me miraba directamente, y bajó su espada, y bajé la mía pica, y dije en alto (debió de oírme y todo, el condenado) "Que sea lo que dios quiera", y en ese mismo momento me dio un ligero ataque de risa nerviosa (probablemente dado lo ridículo de mi exclamación tenida cuenta cuán creyente que soy) que me hizo levantar un poco la pica. Pocos instantes después sentí un golpe y el restallar de unos cascos a mi lado, casi me caigo de espaldas del impacto, pero allí estábamos: el jinete ensartado a la altura del corazón, de parte a parte, en mi pica, y yo intacto. Aún tiemblo al pensar qué extraño toque del destino me llevó a elevar mi arma de esa forma, cualquiera que fuera, lo agradezco a Dios y a quien tercie.


... a un jinete, que me miraba directamente...


Recuerdo haber visto el tambor de la unidad de los españoles tirado cerca del jinete muerto (que ya había desembarazado de la pica), y pensar cuán extraño fue todo el combate.
Perdimos aquel día a veinte valientes hombres (lo supimos por el recuento), y tuvimos otras dos docenas de heridos. Teniendo en cuenta que los españoles cargaron con más de medio centenar de jinetes bien adiestrados, contra el doble de enemigos, de frente y a caballo, no eran muchas bajas, pero hubieran sido menos, "si hubiesen bajado más las picas los de la cuarta fila", cosa que el oficial se encargó de recordarnos durante todo el camino al cuartel. Por cierto ubicado frente a una pequeña ciudad, lejos de donde estaba el ejército, ya que a las pocas horas de marcha, nos había llegado sendo mensaje a caballo, diciendo que ya no precisaban de nuestros refuerzos ni efectivos, que la victoria "estaba ya en manos de la gloriosa República". Así que dimos media vuelta y callamos. Ese día, el oficial nos obligó a quedarnos un buen rato frente a los harto hediondos cadáveres (llevaban un par de horas tirados), antes de que les dieran sepultura los auxiliares, e hizo prometer a los de la cuarta fila seguir sus órdenes al pie de la letra. Terminaron jurando por todo lo sagrado que sí, la mayoría, supongo, por dejar de oler aquel hedor. Durante la marcha de vuelta recuerdo haber tenido la sensación de echar algo en falta.
A la mañana siguiente, durante una marcha de entrenamiento, recuerdo haberle dicho al tamborilero (al que estaba condenado a tener siempre delante), que apretase más, y en medio de la marcha, manteniendo el ritmo, me dijo, entre jadeos, que lo acababan de nombrar, que lo disculpase. No era Karl, y aún me estremezco recordando al lúgubre y solitario tambor, tirado en medio de los desfigurados cadáveres.


Última edición por Ghost el Lun 13 Abr 2009, 14:20, editado 1 vez

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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Ghost el Dom 12 Abr 2009, 12:14

Añadido otro capítulo y medio más. Hoy terminaré el segundo. Mañana, probablemente, tenga el tercero.

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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Sapolicus el Dom 12 Abr 2009, 23:10

Muy bueno el relato y muy bien escrito, en serio, espero con ansia el siguiente capitulo.


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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Ghost el Lun 13 Abr 2009, 14:22

Termino aquí el Segundo Capítulo, no me cabe junto al primero y la introducción...



Larga Patrulla:


Unos meses más tarde, digeridos los mal tragos de los caídos, y habiendo ido todos, al menos una vez (tres en mi caso), a visitar a nuestros valientes al cementerio, nos dimos cuenta de lo poco que había servido el vano juramento que hicieron los de la cuarta frente a su fuerte aroma. Pues aquella misma semana de cuando visitamos varios de la primera la tumba de nuestros camaradas (entre ellos, la del bueno de Karl Van Rysselgerh), la compañía fue licenciada de su uso de la pica, y se nos otorgó otra arma. Ese mismo mes, las compañías y regimientos de piqueros de todo el ejército de las Provincias, habían dejado de existir, para dejar en su lugar a regimientos de soldados de línea, o de regimientos montados, según el caso. En el nuestro, pasamos a engrosar la lista de solados a pie y mosquete, la JI, como la llamábamos, la Jodida Infantería.

En una de esas largas patrullas, que se estiran desde lo que es casi la medianoche (en aquellos días todos cambiamos de hábitos para adaptarnos a los cambios en el horario) hasta más allá del amanecer. Habiendo hecho una pausa para descargar, un jinete nos sorprendió, y corrió hasta nuestro oficial al mando, un tal Willem, Willem Van Rïsset recién nombrado, que dejó de lado al viejo veterano del capitán Smith, John Smith, un antiguo soldado británico (¿sería "escocés", un término más exacto?) que pasó a nuestro ejército cuando lo del intercambio de oficiales y tácticas, y todo eso, "señal de amistad", decían.
Bueno, la cosa es que Willem había ordenado parar, y se quedó bastante sorprendido cuando leyó el mensaje. Despidió al jinete, y le noté (yo estaba bien cerca de él, pues como no me canso de recordar a vuestras mercedes, mi lugar era justo detrás del tamborilero, hallado este a la diestra del oficial al mando, Willem en lo que nos ocupa) que se ponía como blanco, que su cara, despejada de toda barba, y con el pelo recortado según la costumbre, teniendo la piel ligeramente morena, se ponía de pronto lívida, apagada, y aparecía casi gris, ante los ojos. Se giró, y nos dijo que debíamos apretar la marcha, que nos aguardaba una sorpresa, y que no escatimáramos en esfuerzos mientras corríamos, o saldría muy caro. Al parecer, a Willem no le habían contado que cuanto menos les cuentas a los soldados, mejor obedecen.
En fin, excusado por ser novato...

Los franceses nos tenían por aquel entonces calados hasta la médula. Tenían a nuestros bancos por unos malos usureros (grande mentira esta, y creo, en lo único en que de nosotros su opinión erraba), a nuestros barcos por unos piratas, a nuestros amados líderes por masones y a nuestros buenos mercaderes por unos cabrones que les arruinaban todos los negocios. Además creían que nuestra religión era una herejía. Punto este largamente discutible, pero en lo que nos ocupaba, resolvíamos dando un par de tajos y un " que Dios te tenga piedad, hereje, que yo no la tendré".


... algún tipo de "artilugio", mirando hacia el lado sur de la colina...


Cuanto rato corrimos es algo que hasta hoy me despierta curiosidad, pero lo cierto es que al llegar a la falda de la pequeña elevación en la que resonaban varias voces, las piernas apenas me respondían. El tamborilero se había alejado de su posición, y me hallaba detrás de él, nervioso por la reprimenda que nos podía caer si no volvíamos pronto a nuestras posiciones, corrí y corrí a mi posición, adelantándolo por su derecha. En la lejana cima se distinguían carros y algún tipo de "artilugio", mirando hacia el lado sur de la colina.

Cuando hubimos subido, el general al mando, un hombre llamado Rainierd, apellidado algo como Treuen, o quizás Treu, no lo recuerdo.
Como decía, una vez en la cima, nos ordenó formar en fila de a tres junto a sendos cañones, pues eso eran los artilugios divisados desde la falda. El General tenía una pinta bastante destartalada, y se estaba arreglando el atuendo cuando llegamos, para burla de muchos de mis camaradas; incluso nuestro capitán sonrió maliciosamente para si mismo.

Las relaciones con Francia eran muy tensas, y se habían recrudecido mucho desde que tuvimos la osadía de recuperar Bruselas y todo Flandes para nuestro país. Además, somos una república, y encima protestante... La guerra estaba cantada.
Cierto es que los gabachos nos habían ayudado en la llamada Guerra de los Ochenta años, pero siempre habían velado por sus propios intereses. El Cardenal Richelieu había quitado todo el poder a los nobles, y el rey de Francia tenía un poder absoluto sobre sus dominios, al contrario que en España, donde los nobles eran la voz cantante en sus tierras, y el rey no era nada más que un noble un poco más importante. Incluso solían dejar el poder del rey en unos hombres llamados "válidos", que era como reyes.


...mirando hacia el lado contrario del que venía una lejana marea blanca...


El General Rainierd Treuen terminó de ponerse su sombrero y se subió a la grupa de un caballo, mirando hacia el lado contrario del que venía una lejana marea blanca. Mascullaba órdenes inteligibles para mí a un hombre montado a un caballo cercano a él, este hombre, ejercía como una especie de portavoz: bajaba del caballo junto al general y le daba a los capitanes sus respectivas órdenes.

Cuando la marea estuvo más cerca, en medio de su aparente desorden, pudimos ver la blanca bandera francesa sobre unos dos o tres regimientos de infantería.


...dos o tres regimientos de infantería...


A medida que los franceses se acercaban, las voces y las conversaciones de nuestros camaradas iban dando paso a un nervioso silencio, sabedores de todo lo que iba a venir después. Porque nunca un entrenamiento, por duro y largo que sea, te prepara para la sangre y los gritos, ni propios, ni enemigos.

Pero lejos de carcomernos la cabeza con estos dilemas morales, nos dispusimos a obedecer la orden de fuego por filas, pues los franceses parecían cada vez más cercanos. Aunque, antes del clímax del silencio, cuando ya solo se oían algunas voces acalladas, cuando, de pronto, la tierra misma pareció vomitar ascuas, y un humo gris y maloliente nos envolvió. Pues, sin que nos diéramos cuenta, el General había ordenado abrir fuego con los cañones.


...pareció vomitar ascuas...


Las balas silbaban, y los artilleros del cañón recargaban como demonios: cargar, recargar, disparar; cargar, recargar, disparar; cargar, recargar, disparar... De forma tan metódica que llegaba a asustar. Ya se podían contar las primeras bajas entre los franceses, y, les puedo decir a vuestras mercedes, que es increíblemente asqueroso y espectacular cuando un pequeño punto lejano se convierte en una bola que arranca piernas y brazos a su paso, salpicando de sangre a todos, y dejando cuerpos mutilados y trozos de carne por todas partes.
Los franceses estaban cada vez más cerca, y ya estaban a dos tiros de mosquete, según me señaló mi compañero de la izquierda con el fusil, adelantándose unos pasos, cuando el fuego de los cañones cesó, y los artilleros recargaron y quedaron todos apuntando a un punto delante de la formación francesa.


...según me señaló mi compañero de la izquierda con el fusil...


Cuando el primer cañón por mi izquierda hubo terminado de cargar, sucedió algo terrible, que ya he llegado a experimentar en mis propias carnes, algo a lo que debo al cojera de mi pierna izquierda, y algunas de esas heridas, algunas del alma, que me atormentan en ciertas ocasiones hasta casi el lloro. Pues no hay nada más terrible en el arsenal de ninguna artillería que la metralla; desgarra, tritura, mata, con la misma secuencia tan metódica del artillero que carga con ella el cañón.
Pero en aquello ocasión estaba yo en el bando de los cañones, y no me pareció especialmente dramático ni terriblemente infernal y torturador los cientos de pelotas que escupían los cañones, pues era joven y en mí ardía la valentía, el fervor y la estupidez.
Los franceses se acercaban, y estando a un escaso tiro de mosquete dos de sus formaciones, ya muy dañadas a causa de la metralla, formaron en fila, y corrieron; el tercer regimiento formó un cuadro en la falda de la montaña. Y, entonces, disparamos.


...desgarra, tritura, mata...


Lanzamos todo lo que teníamos, y la formación de la izquierda se abrió hacia una fila de a dos, dejando algunos hombres delante del cañón, y sucedió la desgracia: el cañón, el primero empezando por la izquierda, alcanzó, a bocajarro, a cerca de una docena de soldados de nuestros camaradas con parte de su carga, desgarrando, triturando, mutilando, matando. En ese momento, la rabia y la frustración, extrañamente, no se dirigieron hacia el artillero, sino que la empleamos en descargar con más furia, rapidez y precisión nuestro plomo sobre los franceses, y los cañones barrieron el cuadro de gabachos. Los cañones pararon de disparar, y cargamos, a toque de corneta y redoble de tambor, con las bayonetas en alza.

Estábamos sedientos de sangre, y nuestras bayonetas se hincharon de la gabacha, que chorreaba con especial fluidez por la mía, tras haberla clavado en la columna de un francés y haberlo abierto desde la altura de los riñones hasta el cuello. Es extraña la sensación de protección y rabia que se siente cuando estás allí, entre el fuego y la sangre, deseoso de vengar a gente que ni siquiera conoces, y que , en su mayoría, ni siquiera han muerto por fuego enemigo.
Entonces formamos de nuevo, encerrando a los franceses en su cuadro.


...vengar a gente que ni siquiera conoces...


El cuadro francés, que no dejaba de enviarnos plomo con todo su odio y con el resentimiento de quien ve aniquilados a casi un centenar y medio de sus camaradas, estaba casi destrozado. Apenas aguantaban en pie unas docenas de hombres, y no parábamos de disparar, de arrojar toda la furia de un millón y medio de almas, concentradas en esos dos regimientos de infantería, y desde la colina, apuntando al centro de la formación, vi caer al capitán francés: arrancado un brazo por los disparos de metralla, y casi toda la boca por un tiro de mosquete, rociado su cuerpo de una mezcla roja negruzca, la imagen era, cuando menos, triste, y cruel.


...estaba casi destrozado...


Los pocos franceses que quedaban estaban al borde del desmayo, con nuestros cañones apuntando a los que huían. Nuestra formación se abrió, y la mortal carga de los cañones roció a toda la falda, dejando tirados a más de dos docenas de soldados gabachos.

Cuando el humo se dispersó, vimos a los pocos franceses huyendo en la lejanía, bajo el fuego incesante de nuestros cañones, que aún se cobraban unas pocas víctimas.


...en la lejanía, bajo el fuego incesante...


Cuando los cañones pararon de disparar, el general mandó a formar en fila de a cuatro delante de él. Al parecer, quería soltarnos un discurso, una arenga. Muchos murmuraron que más le valía haberlo hecho antes de la batalla, pero las órdenes eran las órdenes, ya allí formamos.
He de reconocer que bastantes de mis camaradas se reían en voz baja del General, y de su forma de gestionar todo. Era el absoluto más opuesto al general mandón e histérico.

Entonces, pasó algo de los que no dudo ni lo más mínimo, todos los allí presentes guardan en su memoria.
El General, mientras formábamos, desmontó, observó el campo de batalla, estiro los brazos y miró pensativo a los cadáveres de nuestros camaradas destrozados por la metralla lanzada desde su propio cañón. Entonces, preguntó por el jefe artillero del tercer cañón de la unidad de artillería, cómo sabía que era ése, y no otro de los dos cañones, es una curiosidad, quizás por el nivel de desgarramiento, pero la diferencia de potencia entre una bala disparada a dos o cuatro metros de distancia, es inexistente.

Bueno, la cuestión es que se acercó el jefe artillero, para nada turbado, y con un paso arrogante y seguro, quizás el pobre diablo esperaba algún reconocimiento. Pero, sin mediar palabra, y una vez estuvo a dos pasos, lo que hizo el General fue descerrajarle un tiro a bocajarro en la cara, arrancándole media faz de cuajo, y dejándolo, inerte, en el suelo.
Después montó, y ante la atónita mirada de casi todos los allí presentes, incluso el capitán Rïsset se estremeció al oír el disparo, el general nos habló de la batalla, de las injusticias que cometían los franceses contra nuestros mercaderes, del bloqueo al que nuestra flota detenía sometidas a sus colonias, y de nuestros amigos ingleses, que no paraban de enviar corsarios y barcos para arrasar las costas de sus islas, si es que no habían caído ya bajo nuestras tropas.


...montó, y ante la atónita mirada de casi todos...


Cuando terminó, ordenó enterrar a los cuerpos de nuestros camaradas. Su mirada seguía ausente, pero nadie lo miraba ya a los ojos.



PD: Comentad algo...
Cuando vi que nadie hablaba pensé que había escrito un tocho-post aburrido y largo... Incluso iba a dejarlo cuando me animó el comentario de Sapolicus... Si no os gusta, decidlo...

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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Sapolicus el Lun 13 Abr 2009, 15:56

Tu no te cortes, sigue escribiendo, que por lo menos a mi me gusta mucho. Por cierto, vas a escribir toda tu campaña hasta conquistar todo el mundo?


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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Arius el Lun 13 Abr 2009, 16:32

Está fantástico el relato, con un estilo muy cuidado. No me parece ni largo ni pesado, al contrario, muy ameno. Lo que ocurre es que yo entro aquí desde el trabajo y lo voy leyendo a trozos, por eso no comentaba antes, pero lo acabo de terminar y es muy bueno.

Sigue así Wink


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"Quien deja de ser amigo de mi Patria deja de serlo mío. España no lidia por los Borbones, ni por Fernando. Lidia por sus propios derechos. Derechos originales, sagrados, imprescriptibles, superiores, e independientes de toda familia o dinastía. España lidia por su religión, por su constitución, por sus leyes, sus costumbres, sus usos…

En una palabra: España lidia por su Libertad."


- Melchor de Jovellanos (Carta de 1808)

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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Sapolicus el Vie 17 Abr 2009, 22:42

va a seguir el relato? xD, es que sinceramente, es el unico de todos que me dio por empezar a leer, y ahora me he quedao... con las ganas


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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Ghost el Vie 17 Abr 2009, 23:42

Sapolicus escribió:va a seguir el relato? xD, es que sinceramente, es el unico de todos que me dio por empezar a leer, y ahora me he quedao... con las ganas


Tranquilo... Lo que pasa es que el siguiente debe englobar un par de batallas, y si una sóla me ocupa casi dos posts...

Encima, es que tengo pensadas varias cosas... Probablemente lo tenga mañana por la noche o el domingo. Pero ahora mismo me pongo a continuarlo un poco, ¡no desesperes! xD. Ya tengo las sorpresas en la mano...

Ya veremos de qué es capaz una república, y de lo que son capaces los soldados...

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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Kaiser911 el Lun 22 Jun 2009, 22:01

Estoy impaciente los relatos de batallas contadadas por soldados me encantan sigue asi Razz


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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Ghost el Sáb 15 Ago 2009, 17:20

Pues me había olvidado de esto... Pero ahora que tengo nuevo ordenata (y que han mejorado el juego), puedo seguir el relato. Empezaré a jugar mañana mismo la Camapaña con las Provincias, y ya veré hacia dónde sopla el viento...

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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por luis el Miér 10 Mar 2010, 20:45

simplemente sublime


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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Balain De Ibelin el Dom 18 Jul 2010, 22:08

esperando impaciente.


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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por DWarrior el Dom 18 Jul 2010, 22:30

Balain De Ibelin escribió:esperando impaciente.


Ghost ya no se encuentra entre nosotros Rolling Eyes


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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Kareteiker el Dom 18 Jul 2010, 22:36

Vaya desgracia, que dios guarde su alma

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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Balain De Ibelin el Dom 18 Jul 2010, 22:39

y eso por que? porque murio? (me refiero a porque lo banearon)


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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por DWarrior el Lun 19 Jul 2010, 00:20

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Re: Memorias de un soldado de la República

Mensaje por Balain De Ibelin el Lun 19 Jul 2010, 14:53

por mp? no se.. estoy intrigado, o eske nadie lo sabe? solo los admin y moderadores? si es asi ok, no lo sabia


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