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Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

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Fran Jr
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Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Jue 09 Abr 2009, 16:06

Wenas a todos los foreros. Aun no tengo el Empire Total War, y con los bugazos que parece tener no tengo muchas ganas de comprarlo, aunque seguramente lo acabe teniendo para verano. Pero creo que por ahora me divierto suficiente con el ss 6.1, con el mini-mod bizantino Basilea ton Romaion. Empecé una pertida con los moros pero no hice ni screenshots ni fui cogiendo fechas, así que al poco la dejé para empezar esta con los bizantinos, que son de siempre mi facción favorita. Dejo aquí, pues el inicio de lo que espero que sea una larga lista de capítulos. Por ahora tengo dos hechos, luego ya se verá. El primero es como una introducción, por eso no es muy conjugable con el juego de ordenador, pero sirve para introducirnos en la historia.
Bueno, dejo aquí lo escrito, espero que os guste Wink



Nos encontramos en el año 1081 de Nuestro Señor. El Imperio de los Romanos, pese a seguir siendo una realidad sobre el mapa, se desmorona en todos sus frentes. Al este, los turcos seljúcidas detienen sus incursiones sobre el Egipto fatimí para atacar Anatolia, derrotando a las fuerzas del Imperio en la vergonzosa batalla de Manzikert, batalla en la que nuestro Basileus cayó en manos de ese sucio turco, Alp Arslan. Ahora la práctica totalidad de Anatolia está en manos de herejes venidos de este en sus mugrientos caballos.
Por el oeste el Imperio sufre también. Esos malditos piratas, los normandos, se han creído tan poderosos como para atacar nuestras posesiones italianas. Ahora Italia no es romana, es vikinga. Es una barbarie, y lo peor es que siempre que les demos oportunidad, seguirán atacando desde Bari nuestras posesiones en los Balcanes.
Ah, los Balcanes, ese campo de batalla que nunca ha querido dejar de serlo, desde Adrianópolis hasta nuestros días. Los búlgaros, esos cerdos, aprovechando nuestra debilidad, se han escindido del Imperio formando su propio reino. Serbia, Epiro y todo territorio que se adentre algo en los Balcanes se han unido a su manera a esta oleada de independentismos.

La historia del pueblo romano ha sido mancillada muchas veces, pero nunca de manera tan vergonzosa. La crisis, tanto a nivel económico como a nivel territorial o demográfico, debe detenerse inmediatamente. De lo contrario, quién sabe lo que ocurrirá con la Ciudad Eterna de Constantinopla, quién sabe qué ocurrirá con el Pueblo Romano.




El 4 de Abril del año 1081, el joven Aleskios es coronado Basileus en Constantinopla. Una gran fiesta tiene lugar en la capital, y por un momento parece que el Imperio estuviera inmerso en su período de mayor apogeo. No obstante, la propia capital deja ver el rastro de la dejadez y la decadencia: en sus calzadas desgastadas, en las casas ruinosas de época de Constantino, en los mendigos por las calles... Aleksios no olvida esto, y tras ser coronado en la Catedral de Santa Sofía, sale al encuentro de sus súbditos, atravesando la Puerta de Bronce situada enfrente de la Catedral. Recorre la plaza sobre la que se levanta la columna de Justiniano, acompañado de su familia y la Guardia Varenga, y llega a otra plaza más amplia, en la cual se encontraba una estructura llamada el Arco de Milion, formado básicamente con cuatro arcos culminantes en una bóveda. Aleskios se coloca bajo el arco, con una buena parte de los ciudadanos presentes en la plaza, muchos de los cuales le vitoreaban con emoción. Los soldados mandan callar, el Basileus de los Romanoi va a hablar. Comienza su arenga, en tono alto y claro, para que su voz sea escuchada hasta en las últimas filas:
Pueblo de Roma, hijos míos. Nuestro Imperio se encuentra descompuesto, yace moribundo frente a los enemigos de Roma y de la verdadera Cristiandad. Mal hicimos en tiempos pasados permitiendo esto, pero ningún fracaso debe nublar nuestros pensamientos. Ningún enemigo debe impedirnos actuar como buenos romanos, y por ello debemos levantar la cabeza y contemplar lo que tenemos ante nosotros.
La gente, haciendo caso a su indicación, levanta la cabeza y contempla básicamente tres cosas: el arco, la columna de Justiniano, y Santa Sofía.
No debemos olvidar quienes somos: el pueblo de Roma, el pueblo vencedor de mil y una batallas, perdedor de otras tantas, pero victoriosos siempre al final. Cientos de años han pasado sobre estas calles, y han caminado sobre ellas césares, augustos y hombres brillantes de toda clase. Este llegado será visto por muchos como un peso, una carga, la responsabilidad de continuar con la tradición. Pues para mí es en cambio una promesa que aquí y ahora os regalo: la de liberar al Imperio de los problemas presentes, y con gran sacrificio recuperar lo perdido. Por nuestros padres, debemos recuperar lo que los tiranos y traidores nos han arrebatado ¡Y eso es lo que haremos: somos el pueblo de Roma, invicto por un millar de años! ¡VIVA EL IMPERIO, VIVA EL PUEBLO DE ROMA!
La gente aplaudía, vitoreaba y trataba de tocar a su Basileo, pese a que los guardaespaldas se lo impedían. Ya en palacio, el Emperador se volcó a su trabajo: el de levantar de la práctica nulidad a un Imperio que no era sino una sombra del pasado.


Aleksios Comneno


-Nuestras arcas aún contienen dinero de sobra, pero nuestra economía es débil y su desequilibrio nos condenará en cuestión de unos años. Debemos pensar qué hacer con el poco tiempo que se nos ha dado.
-Ese dinero no puede quedarse ahí, debe moverse. Debe ser la sangre que corra por las venas del Imperio.
-Pero ¿cómo? El dinero puede invertirse en comercio, flota, tierras, otorgarlo a diversas casas nobles...
-Mmmmm...Prepara mi carroza y una buena escolta. Nos vamos de paseo.
-¿Es acaso una broma o desea descansar?
-Nada de eso. No haremos mucho indagando aquí, en el suntuoso palacio, sobre el correcto uso del dinero. Haremos un viaje desde aquí hasta Adrianópolis para comprobar qué falla en la romania.
-Serán unos cuantos días de marcha, y no veremos sino una fracción del imperio.
-Lo sé, los gobernadores locales han de escribir a palacio para declarar su situación. Pero yo necesito ver qué queda del Imperio.

El emperador Aleskios salía al día siguiente en una carroza escoltada por unos cuantos scholarii. Los primeros días la imagen era de unas tierras fértiles, aunque poco cultivadas. A la semana, la calzada comenzó a verse desgastada, y las tierras poco cultivadas dieron lugar a campos solitarios. Poco antes de llegar a Adrianópolis, Aleskios vio en la lontananza una finca con coloridos árboles y una casa blanca como la nieve. Al preguntar de quién era semejante villa, supo que se trataba de Pedro, hijo del gobernador en Adrianópolis. Aleskios decide hacerle una visita, y al bajar de la carroza se encontraba frente a él un joven, casi tan bien vestido como el propio emperador, acompañado por otros muchachos de su misma edad. Al fondo sonaba una música relajante y sensual, y en el aire flotaba un olor a comida.
-Bienvenido, su Majestad Imperial, bienvenido a mi humilde morada.
-Si, muy humilde por lo que veo.
-Se trata de un pequeño rincón de paz alejado de la tumultuosa ciudad, y lo suficientemente alejada también de la sucia Adrianópolis.
-Ya veo. Verás, me encuentro haciendo un viaje a Adrianópolis para encontrar unos archivos, y querría de paso hacerte unas preguntas.
-Como veáis, pero Adrianópolis está muy lejos aún ¿Querríais pasar aquí la noche? Hay muchos bandoleros con pocos escrúpulos, podrían intentar...
-No, gracias, continuaremos nuestro camino, pero antes quería preguntarte sobre la región.
-Ah, bien. Preguntadme, por favor.
Unos sucios criados les habían conducido mientras a un soportal que daba a un alegre jardín con doncellas jugando inocentemente. Les dieron unas sillas y trajeron una jarra de vino del bueno, todo esto sin hacer el menor ruido, como si se tratara de espíritus o de sombras grises en medio de un colorido paisaje. Aleskios dio la señal a su escriba para que comenzara a apuntar datos.
-¿Ha habido algún cambio en la región en estos años? Me refiero a cambios económicos, sociales... durante lo que llevamos de siglo.
-Bueno... me está usted hablando de ochenta años. Por lo que yo sé, nada ha cambiado, nada en ningún sentido.
-Bien... ¿Considera a esta región enriquecida o pobre?
-¡Menuda pregunta! Esta es una región muy rica del Imperio. Poseemos árboles frutales, fértiles campos alrededor de la finca...
-No, no, me refiero a la región en general, no a la finca.
-Bueno... -aquí se detuvo para pensar- no sé, no tengo ni idea de qué responder. Es una región de campo, muy poco poblada por cierto. La verdad es que no salgo mucho de aquí.
-Ya... ¿Supongo que no sabría decirme qué puede hacer el Estado para mejorar la región?
-Pues... ni idea, traer gente, que está esto muy solo. Puedes pasar un día caminando por la calzada que no te vas a encontrar a nadie, sólo pequeños pueblos. Por eso prefiero vivir aquí: tengo de todo y no me puedo quejar. Luego le mostraré las estancias de las que dispone la finca: no son nada comparadas con la capital, pero...
-De acuerdo, doy por finalizada la entrevista. Muéstreme entonces el lugar.

El emperador y Pedro pasearon por los campos colindantes, probaron los baños y se deleitaron con los sabores de los alimentos cocinados en la cena, que eran obviamente importados en su mayoría. Al anochecer, Aleksios aceptó el dormir en la casa, y al día siguiente marchó hacia Adrianópolis. A los pocos kilómetros comentó a su “equipo”, que eran los que le acompañaban en la carroza:
-No vamos a saber nada sobre los problemas del Imperio si no preguntamos a alguien con problemas. Eso es lo que ha visto en esa finca: los ricos son muy ricos, y los pobres son ahora muy pobres. Eso no debe ser así.
-Mi señor, siento corregirle, pero eso ha de ser así, es la ley de Dios, ha sido así desde siempre.
-Pero no tanto, y ahí le corrijo a usted. Durante el Imperio unido de hace ya mil años, la gente era más rica o más pobre, pero la diferencia no era tal. Existía la esclavitud, cierto, pero las clases bajas no se veían condenadas a la servidumbre, y los adinerados no parecían vivir en un mundo radicalmente diferente al del pueblo. Se repartía trigo al pueblo romano, y la gente era feliz, tenían una vida. Esto hace cien años no era así, pero el Imperio apoyaba mucho al pequeño agricultor, y quizá esto es lo que estamos perdiendo. No lo sé con certeza. ¡Espera! DETENGAN LA CARROZA

Se detuvo la carroza y la escolta, confusa. A un lado del camino pasaba un viejo agricultor, acompañado de una mula, que portaba sacos de trigo en dirección a Constantinopla. El hombre vestía ropas remandadas, descoloridas, manchadas de barro. Cuando el propio Basileus abrió la portezuela y descendió de la carroza, el agricultor quedó sorprendido, impactado, y se postró a los pies de Aleskios pasa besar sus botas. Una vez finalizado el rito (que era el protocolo a seguir en la época), Aleskios ordenó al señor que se levantase, que deseaba hablar con él.
-Yo... no soy digno... majestad, soy solo un pobre pueblerino, analfabeto e indigno para dirigirme a Usted.
-Bien –contestó divertido Aleskios- , pues yo te ordeno que respondas a mis preguntas, pobre pueblerino.
-Sssssssssssssí sssssssseñor, lo kkkke usted mande- Respondía nervioso el agricultor.
-¿Dónde vives?
-En Kastanies, un pueblecito cerca de Adrianópolis. Voy a Constantinopla a vender el trigo y las hortalizas que me sobran de esta cosecha, que ha sido buena.
-Bien, entonces conoces la zona.
-Bbbbueno... uno conoce lo que ve y lo que escucha, y antes que yo estaba mi padre, que en paz descanse, y el padre de mi padre, y toda mi familia es del pueblo de allí.
-Bien, pues te voy a hacer unas preguntas. Apunta, escriba.
-Si, señor, cuando quiera.
-A ver... ¿Ha habido algún cambio en la región en estos años? Me refiero a cambios económicos, sociales... durante lo que llevamos de siglo.
-Económicos... sociales...
-Me refiero en las tierras, el comercio, cómo vive la gente, si ha sido esto mejor o peor estos años y desde los tiempos de tu padre y tus abuelos.
-Bueno, no sé si soy digno de responder, pero las tierras eran antes de muchos, y ellos las labraban, las sembraban y recogían la cosecha, y sólo entregaban una poquita a los señores, porque éramos casi campesinos por nuestra cuenta. Ahora damos mucha cosecha a los Señores y a la Iglesia, y nos queda muy poca para nosotros. Los señoritos han comprado muchas tierras, quedan muy pocas que son de los del pueblo, con casi todas de los señores.
-Bien... ¿Considera a esta región enriquecida o pobre?
No sé como compararlo, porque he viajado muy poco. Pero sí se que esto es muy distinto ahora que hace... cincuenta años, y antes creo que era más diferente.
-¿A mejor o a peor?
-No lo sé, yo creo que a peor. Pero los señores y la iglesia se encuentran mejor que nunca, y construyen casas grandes e iglesias ricas.
-Ya... ¿Sabrías decirme qué puede hacer el Estado para mejorar la región?
-No señor, no soy digno de responder, es muy osado para gente como yo.
-No, a ver, por favor, dime que crees que falla, qué puede hacer tu Basileus por ti y por los tuyos.
-Pues que las tierras vuelvan a la gente, porque si no no se cultivan. No se cultiva nada, están solas, son para la caza de los señoritos, y ahora somos siervos de los señores. Que arreglen luego las carreteras y que igualen un poco esto. Hace un mes murió un amigo mío, Constantino, porque no tenía nada que llevarse a la boca. Y nosotros no teníamos nada que darle, porque ya no tenemos tierras, y las que tenemos están muy rotas.
-De acuerdo. Muchas gracias, buen hombre. Esto es para ti y para tu pueblo. Me aseguraré de que lo repartes bien entre la gente de tu villa.
Buscó entre sus vestiduras y sacó una bolsita con monedas de oro. El agricultor dudó al principio, pero se la acabó quedando entre “gracias” y “bendito seáis”. Aleskios lo dejó en el camino y continuó hacia Adrianópolis.

Adrianópolis se trataba de una aldea-fortaleza. Entre las casas de paja se podían ver aún casas milenarias del Imperio, derruidas y desposeídas de sus lujos, sirviendo en muchos casos de canteras. La ciudad la coronaba un castillo de madera, fortaleza frente a posibles ataques bárbaros. Aleskios no se entretuvo mucho en la ciudad, sólo hizo las presentaciones precisas y observó las sucias y dejadas calles de la ciudad. Pero de todo el viaje sólo las respuestas del agricultor le eran útiles, por lo que pronto se encontraba de vuelta en Constantinopla. Ya sabía qué le faltaba a su Imperio, ya sabía el cáncer que padecía el pueblo romano, y era la plebe y no la nobleza la que podía responder a todas sus preguntas.


Los campos fértiles de tracia, que ahora se encuentran sin cultivar, dentro de poco se verán fértiles y llenarán los graneros de Constantinopla


Última edición por Fran Jr el Vie 10 Abr 2009, 11:32, editado 1 vez

Beneker
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Beneker el Jue 09 Abr 2009, 18:18

Me ha encantado ,un 10.

Saludos


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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Hereje el Jue 09 Abr 2009, 19:53

+ rep Fran, muy buena!


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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por DWarrior el Jue 09 Abr 2009, 21:01

+ Rep

impresionante relato Shocked


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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Ghost el Jue 09 Abr 2009, 21:07

Entre esto y el Juger´s deberían darte una mención o algo xDDD

+ rep Wink , y el sincero deseo de más narración de esta calidad.

Fran Jr
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Jue 09 Abr 2009, 23:17

Voy a procurar tener un capítulo de reserva ya escrito para cumplir las promesas de cuando posteo el siguiente. El capítulo dos, si no hay ningún imprevisto, lo posteo mañana, y mientras en la partida estoy en lo que sería el capítulo 3.

Y gracias por leer el relato, es otro ladrillaco de los míos. Y sé que no tiene mucho que ver con el juego, pero se trata de un principio tan largo que he hecho con él un capítulo.

Bueno, pues eso, gracias por leerlo, y la siguiente entrega mañana tongue

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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Caballero Portugues el Vie 10 Abr 2009, 00:17

me encanta fran Jr. espero a el siguiente capitulo Very Happy

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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Taqui el Vie 10 Abr 2009, 01:37

Gracias a tí, Fran, ha sido un gustazo leer tu relato.

Lo leí ayer pero me esperé a hoy para comentarlo porque no me quedaba rep para dar Laughing Laughing

+rep

Ya espero más... Twisted Evil


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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Lethkorias el Campeon el Vie 10 Abr 2009, 10:22

es muy bueno fran! me alegro de ver unos relatos tan currados tio! (ahora que tengo tiempo quiza aga uno del rome con lo del curbelo total war que lo hemos visto ahora caballero portugues y yo...haber que sale xD).

un saludo tio y mas reputacion para ti ^^

Cèsar August
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Cèsar August el Vie 10 Abr 2009, 10:48

Muy bien Fran, como siempre, me encantan tus relatos.
Pero tengo, primero una duda. En el septimo parrafo creo que te has confundido i en vez de "Al anochecer, Alexsios (o como se llame el emperador) aceptó el dormir en la casa" y has puesto "Al anochecer, Pedro aceptó el dormir en la casa". Nose yo, pero creo que te confundiste.
Nada importante.

Pero lo que una cosa, me parace bastante surrealista este emperador que tienes montado, que buena gente, y que hace preguntado a un campesino de esa forma? Que le da un ataque al pobre xDD. Espero el tercer capitulo Wink

Fran Jr
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Vie 10 Abr 2009, 11:30

Gracias por el fallo, lo corrijo ahora mismo Very Happy

Y lo del emperador... necesitaba explicar por qué hará tales reformas, por lo que le he convertido en una persona algo diferente a lo que fue históricamente: un emperador Comneno, la familia que acabó con el Imperio al feudalizarlo y dar tanto poder a la nobleza que se rompería el equilibrio de los "emperadores macedonios", centrados más en procurar cierto bienestar a los campesinos para que no fueran simples siervos. Los macedonios llegaron hasta Antioquía en una lenta reconquista, y los Comneno acabaron en 1453 combatiendo en las murallas de Constantinopla.
Es por eso que para que Bizancio resurga necesita el espíritu de los emperadores macedonios, y era necesaria la charla con el pobre (como Aleksios bien supo llegado el momento) para saber qué ocurría en el Imperio de los Romanos.

Pd: Magia aparte, lo que hice fue hacer "roturación de tierras", en el primer turno en todas las ciudades y en el segundo en las fortalezas, para repartir la pasta. Turnos después bajé los impuestos de todas las ciudades menos Constantinopla y Thessalonica, por el crecimiento poblacional. Lo que pasa es que narrado como lo he narrado queda mejor, ¿no? Laughing

Cèsar August
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Cèsar August el Vie 10 Abr 2009, 15:59

jejeje vale vale. bueno lo de "dejando magia aparte" xD.

Venga, animo y a ver cuando tenemos el segundo capitulo por aqui Wink

PD: aix, creo que si haces un relato de los tuyos me van a dar ganas de jugar con el "Imperio" otra vez.. xD

Fran Jr
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Vie 10 Abr 2009, 18:47




-Anotad bien mis indicaciones: pienso realizar una reforma agraria a gran escala. Punto. A cada región del Imperio se enviarán fieles funcionarios de confianza que invertirán dinero de las agotadas arcas imperiales para: uno, hacer un repartimiento de tierras moderado, cediendo de la nobleza tierras que sean manifiestamente dejadas de lado al campesinado; dos, para efectuar una correcta roturación de las tierras, comenzando a hacerlas algo más fértiles; y tres, para enriquecer a cada municipio de tal manera que no vuelva a ceder las tierras y sepa mantenerlas. Se organizarán a largo plazo sociedades comunales de propiedad de las tierras. Punto. Quiero ante todo que los campos sean cultivados, y que la riqueza llegue a toda la sociedad. Punto y final, distribuid la orden.

Así comienza el reinado de Aleksios, con una renuncia clara al poder nobiliario que tanto había perjudicado al Imperio estos años. Sabía que habría revueltas, pero era la única salida. En un proceso que culminaría cinco años después, las tierras cultivadas crecieron, y éstas fueron más fértiles. Era esta política la que el Imperio debía seguir, pero obviamente la actuación de Aleksios no se limitaba al campo económico. Hizo llamar a su segundo hijo, Loukianos Vekkos, al que le entregó la flor y nata del ejército constantinopolitano, enviándolo a Adrianópolis, y luego a tierras búlgaras, dispuesto a acabar con la amenaza del ese reino siempre rebelde al poder romano.
Aleksios no vería a Loukianos hasta dentro de unos años por la distancia que les separaba y las tareas que debían cumplir por el bien del Imperio. En la carta siguiente el Basileus le entrega a Loukianos el mando del ejército romano:

Hijo mío
Han pasado varios meses desde tu última visita a Constantinopla. Sé que tus deberes te atan a la vida en las fronteras del Imperio, pero hubiera sido un detalle el que te hubieras presentado en mi ceremonia de coronación. Espero que nos veamos pronto y puedas contarme la vida que llevas allí donde el poder de Constantinopla no llega. Pero ahora hablando de asuntos militares, tengo el orgullo de proclamar que ha llegado el momento que estábamos esperando, el momento de recuperar lo que es nuestro en el norte. Se te enviará la guarnición de Constantinopla y de Adrianópolis, y recibirás también refuerzos de Thessalonica. Tu misión será hacer volver al rebelde Reino de Bulgaria al Imperio, de donde nunca debió salir. Es una difícil misión, pero es por ello por lo que te la confío a ti, y creo que podrás, no solo tomar Sofía y reunir los territorios búlgaros, sino también llegar a Belgrado, y quizá incluso puedas cruzar el Danubio para atacar a los Pechenegos. Pero eso es ya un pensamiento a largo plazo, y puede variar según como varíen las circunstancias. Pero sobre todo te pido que recuerdes el legado que llevas a tu espalda: tu espada escribirá la historia del pueblo romano: úsala con prudencia y sírvete de tan glorioso legado, que es a la vez una ayuda y una responsabilidad.
Hijo mío, yo te otorgo esta tarea porque sé que puedes cumplirla y lo harás. No me decepciones a mí, y mucho menos al pueblo de Roma. Que Dios sea contigo.


Loukianos no tardó en contestar a su padre:

Padre, doy gracias por la noble misión que me ha sido encomendada. Juro que no seré yo quien te decepcione, pues llegaré tan lejos como me lo permitan mis fuerzas y las de mis hombres por la gloria del pueblo romano y de nuestra Nobilísima familia Comneno. Bizancio, rey entre reyes y goberando entre gobernadores, aplastará a los rebeldes, pacificará sus dominios, y comenzará a saldar viejas cuentas una por una. Así lo quiere Dios, así lo deseas tú, padre, y de ellos me encargaré personalmente. Espero los refuerzos en Adrianópolis, y cuando lleguen marcharé hacia Sofía. Te escribiré cuando la ciudad sea de nuevo fiel al Imperio, por lo que no tendrás que esperar mucho. Saludos y que Dios sea contigo.

Las tierras búlgaras se encontraban dominadas por la religión católica, por lo que Aleksios hizo enviar a sacerdotes a reconvertir la región a la ortodoxia cristiana. Mientras, Loukianos asediaba la plaza. Ante la posibilidad de que los normandos tomaran Epiro y Albania (rebelados contra el Imperio), decidió arriesgarse y enviar a toda la guarnición de Arta, en el Epiro meridional, para comenzar un asedio en Durazzo que culminaría con la llegada de refuerzos, ya que las tropas romanas se encontraban en desventaja. No obstante, los habitantes de Durazzo no atacaron, y cuando llegó el general de Thessalónica al lugar pronto ordenó el asalto y toma de la aldea, siendo un éxito para las fuerzas romanas.

En el este, los turcos selyúcidas ya se asomaban desde la otra orilla del Mar de Mármara. Aleksios les temía, pero sin los Balcanes rebeldes no podría hacer nada. Los turcos habían ganado esta vez, pero habría una venganza, lo juraba, y los cristianos de Anatolia no tendrían que esperar mucho para que las tropas del Basileus tomaran de nuevo la zona. Por ahora, restos de la guarnición griega desembarcaron en Rodas, haciendo fiel la isla solo con la intimidación. Acto seguido, y uniendo a las tropas de Atenas y Corinto con las de Rodas, se marcha sobre Smyrna, capturando la plaza antes que pudieran hacerlo los turcos en el año 1083, en invierno, a la vez que cae Durazzo. Es un gran año para el pueblo romano en medio de la tempestad.

La batalla que sí merece mencionarse es la toma de Sofía, capital del Reino de Bulgaria. Se hallaba fuertemente fortificada, aunque las tropas que la defendían estaban mal armadas y peor equipadas. En el invierno de 1084, se ordena el asalto. La infantería romana avanzaba, expuesta el tiempo necesario a los proyectiles enemigos. Cuando el ariete romano perforó la puerta metálica de Sofía, los siphonatores entraron por sorpresa para arrojar una buena cantidad de fuego griego sobre los asustados defensores, muchos de los cuales salieron corriendo al ver a sus compañeros arder entre las llamas en medio de la noche. Acto seguido, carga la infantería, y cuando la carga de ésta empezó a perder fuerza, llegó la caballería, encabezada por Loukianos Vekkos.
Loukianos, empuñando la espada al grito de “¡¡Comneno!!”, atravesó de lado a lado las filas enemigas, matando entonces a muchos enemigos, aunque más cayeron los segundos siguientes. Los búlgaros ya perdieron toda voluntad de luchar, y se entregaron a la fuga hacia la plaza central. Muy pocos llegaron, y los que lo hicieron recibieron la misma muerte que recibieron sus compañeros. Que con los búlgaros, mano dura, esa es la ley que debe imperar en el Imperio.

Desde Sofía, el ejército romano dirigido por Loukianos se dirigió, después de dejar una guarnición en la plaza conquistada, a tierras de los serbios, a Belgrado, a orillas del Danubio. Esta era una ciudad disputada tanto por romanos como por húngaros y venecianos, y ninguno de los tres pensaba ceder terreno. Como se temía Loukianos, al llegar a la plaza fuerte se la encontró asediada por tropas húngaras, pero aún así decidió quedarse. Al poco tiempo llegó un mensajero húngaro a la tienda de Loukianos, que había establecido su campamento al sureste de la ciudad. El húngaro llevaba barba y bigote cuidadosamente afeitada, y portaba una túnica de colores vivos, rosados y verdosos.
-Vengo portando un mensaje del comandante de nuestro ejército: no necesitamos ayuda de ningún tipo, en nombre de Hungría solicitamos que os retiréis a vuestros dominios para que existe mutuo respeto.
-Decidle a vuestro señor que las tropas romanas no están aquí como signo de provocación alguna. Estas tierras son ahora neutrales, y esperaremos a que se decida el conflicto ante vuestro ejército y los serbios, sin intervenir de ningún modo, y menos contra los húngaros.
-Yo os aconsejo que os retiréis para no suponer una provocación. Estas tierras son reclamadas por Hungría.
-Yo hago bien en recordaros que estas tierras pertenecían hasta hacer bien poco al Basilea ton Romanoi, y os aseguro no obstante que nos retiraremos si los húngaros toman Belgrado. Por ahora, nuestro derecho a acampar aquí es el mismo que el vuestro.
-Espero que el rey de Hungría lo vea así.
-Yo también, y reitero que no deseamos hostilidades con los húngaros.
Acto seguido, se marchó el diplomático, y los húngaros al parecer decidieron ignorar a los bizantinos. Una noche, los rebeldes de Belgrado rompieron el asedio, atacando por sorpresa a los húngaros, que tuvieron que retirarse al otro lado del Danubio, enfurecidos por tan innoble derrota. A la mañana siguiente, Belgrado se encontraba libre de los húngaros, pero a lo lejos al oeste se veía avanzar a un ejército que no era romano. Loukianos ordenó a sus oficiales que levantaran un nuevo asedio con los restos del asedio húngaro, ya que se había anunciado que llegarían refuerzos de Sofía, y que estos no tardarían en llegar. Mientras, reunió una escolta y se dirigió hacia el ejército anónimo, que resultó ser veneciano. Cuando la distancia entre ambos ejércitos era menor a una milla, Loukianos hizo levantar la bandera blanca. Al poco se reunía con el líder de los venecianos, Bernello, que no era sino un capitanucho en misión de reconocimiento.
-Saludos en nombre del pueblo romano
-Saludos en nombre de la Sereníssima e Independiente República de Venecia.
-Bueno... ¿qué os trae por aquí?
-Venimos a reunir esta región bajo el mandato del dogo veneciano por derecho de conquista, buen señor. Pero veo que vos también tenéis esta idea en mente.
-Bueno, no solo la tengo en mente sino que nos encontramos asediando la plaza, y dentro de poco será nuestra.
-Eso lo dudo. Esta mañana llegaron a nuestras tropas unos cuantos soldados húngaros, que decían formar parte de un ejército de asedio fracasado. Pintan a los serbios como demonios, y vuestro ejército no es muy grande.
-Lo será, espero refuerzos.
-Nosotros también, por lo que deberíamos llegar a un acuerdo sobre la zona: ¿qué tal una partición del territorio?
-Lo dudo, por varias razones, sobre todo porque esto es el Medieval II Total War y no se pueden repartir regiones.
-Entonces pedimos que se nos compense de forma monetaria por haber venido hasta aquí y no recibir nada a a cambio.
Loukianos no aguantó la carcajada, riéndose frente al capitán, que ahora ponía cara de pocos amigos. Dijo Loukianos primero “si, hasta otra” en italiano, como el resto de la charla, para finalizar con un “cómemela” en griego, que Bernello no supo traducir hasta minutos después. Para entonces, Loukianos se encontraba ya en su tienda de campaña, en el campamento frente a Belgrado.

Pese a la insistencia veneciana, los romanos acabaron tomando la ciudad al asalto en cuanto llegaron los refuerzos, unos cuantos cientos de arqueros de Adrianópolis y Sofía. Acto seguido, y dejando una guarnición notable en Belgrado, se marchó sobre Skopia, al sur. Mientras se asediaba la ciudad, en las zonas conquistadas imperaba el problema de la religión. Si bien un cuarto de la población en Belgrado seguía las directrices del Patriarca de Constantinopla, en Sofía tan sólo lo hacían una de cada veinte personas. Pese a la crisis económica que de ninguna manera se había resuelto aún (las arcas del Estado aran ahora de mas más exiguas entre las diversas naciones europeas a costa de las reformas), se decide contratar a un monje que se encargue de realizar las conversiones y las acciones necesarias. A los pocos meses el Basileus se encontraba muy disgustado con la actuación del tal Ioannis Panaretos, que resultaba ser un monje de tercera.
-¡Tan solo es “bendito”! ¡Sólo eso! Me gasto un décimo del exiguo tesoro real en reclutarlo, y un veinteavo en mantenerlo cada año ¡Y me traen al peor cura de un pueblo miserable, cuando lo último que necesito es precisamente esto, un gasto inútil!
-Estese tranquilo, mi señor, cuando empiece a convertir la región aumentarán sus atributos y se convertirá en un santo. Dadle un tiempo, por favor...
-De acuerdo, veremos pues qué es de él en un futuro
A los pocos años...




-¡Mierda!
Afortunadamente, al poco tiempo creció efectivamente su nivel, convirtiéndose en un buen conversor de herejes y disminuyendo su heterodoxia. Luego se sumaría otro nuevo monje, esta vez reclutado y entrenado en Constantinopla para que sus creencias fueran los más ortodoxas posibles.

Volviendo a Loukianos en Skopia, el asedio se mantuvo hasta que llegaron algunos refuerzos, tomando la ciudad en la noche para evitar los proyectiles enemigos. Al tomar la ciudad, se conecta definitivamente la frontera balcánica romana.


Las tropas romanas acaban de tomar Skopia.

Pero las conquistas no acabarían aquí. Gran parte del ejército dirigido por Loukianos se prepara para tomar Bucarest, y mientras los generales de diversas regiones comienzan a instalar atalayas diversas que permiten controlar de forma efectiva el terreno. El Imperio comienza a resurgir, y las arcas, después de llegar a un mínimo de unos 2000 florines, han conseguido estabilizarse, y luego aumentar muy poco a poco sin detener en ningún momento las construcciones y los planes económicos. Aprovechando el empuje, se reconstruyen las ciudades fortificadas de Adrianópolis y Rodas, que pasan a ser villas orientadas a la economía.

En invierno del año 1099 se toma Bucarest al asalto, finalizando la conquista balcánica según los escritos del Basileus Aleksios. Las últimas zonas en oscuridad del Imperio son iluminadas por atalayas, y con la excepción de un ejército nobiliario rebelde en Macedonia, los Balcanes son ahora una región pacífica y preparada para una defensa satisfactoria.



-Mi señor, ¿cuál será ahora la dirección del ejército romano?
-Quien sabe, ahora tenemos muchos frentes, y aunque nos encontramos en una situación económica estable, estamos muy lejos de considerar nuestra economía sana. No llegamos a superar los 5000 florines, y nos recuperamos muy poco a poco, por lo que la decisión es dura. Si nos vemos con fuerzas arramplaremos con los turcos, llevando a cabo la venganza jurada. Pero mi actitud y la situación real de las cosas me inclinan más a proseguir hacia el oeste y tomar las posesiones venecianas, que son y serán siempre una amenaza. Solo Dios sabe cuál será la historia que aún queda por escribir acerca de la Ciudad Eterna y el Pueblo de Roma. Tomaré la decisión tras meditarla cuidadosamente, y quiera Nuestro Señor que sepa yo elegir lo que es correcto y lo que no.


Última edición por Fran Jr el Vie 10 Abr 2009, 23:54, editado 1 vez

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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Beneker el Vie 10 Abr 2009, 19:24

Muy bueno Fran ,espero el siguiente.

-Lo dudo, por varias razones, sobre todo porque esto es el Medieval II Total War y no se pueden repartir regiones.

Hay la dao.


Saludos


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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Caballero Portugues el Vie 10 Abr 2009, 21:00

nose si es un error, pero en el dialogo con el capitan veneciano este dice "unos cuentos hungaros", y en el siguiente parrafo tambien lo pone.
Buenisimo lo de "estamos en el medieval II total war y no se pueden repartir regiones"jajaja.
espero paciente el siguiente capitulo Very Happy

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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Cèsar August el Vie 10 Abr 2009, 21:28

Muy bueno, sigue asi, y esos detalles "fuera del contexto mediavelesco" estan muy bien, me han puesto una sonrisa en la cara Embarassed jajaja

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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Sáb 11 Abr 2009, 00:02

Gracias, el error era de "cuantos", que lo puse como "cuentos" por ahora dos veces, pero no sé cuentas veces lo tendré puesto en el texto... unas cuentas seguro Wink

Y lo de partir la región... me salió, así de simple, me hizo gracia a mí el primero Razz

Para el siguiente episodio he decidido que este no sea un relato normal y corriente en el que se cuente tan sólo la campaña con algunos gags: voy a desarrollar los personajes tanto como me permita el contexto, a la vez que la campaña sigue su curso. Por ahora destaca Loukianos, el marido de la hija del Basileus, al que se le unirá Juan, el hijo primogénito de Aleksios y por lo tanto el heredero, y por consiguiente a su vez una persona totalmente diferente a Loukianos. Ambos serán los "protagonistas" de esta nueva campaña, cuyo destino aún no dejo claro.

Vosotros hacia donde seguiriais, por los Balcanes a Venecia para hacer tiempo con rivales fáciles o lanzándose a por la Gran Turquía? Dejo caer la pregunta Wink

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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Cèsar August el Sáb 11 Abr 2009, 00:46

Yo iria a por Turquia claramente, por los balcane sya tienes una frontera que no toca a constantinopla, por la banda del los turcos no. en cualquier momento podrian asediar la Ciudad Eterna.

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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Sáb 11 Abr 2009, 00:55

Pero el ejército turco es más grande, sus ciudades son más numerosas, y aunque sepa que puedo llegar a conquistar Anatolia, no me veo del todo capaz de llegar hasta Bagdad de un tirón, y no creo que firmen la paz luego como si nada.
Como puntos positivos, en Anatolia hay al menos al principio una importante población de religión cristiana ortodoxa, lo cual me facilita un poco las cosas.

No os preocupeís, la decision está tomada y en el juego ya está desarrollada y todo, pero expongo la encrucijada en la que me econtré ayer. Porque Venecia es Ragusa, la ciudad croata, Venecia y Apulia, punto. Atacar Turquía es irte a Bagdad y aceptar la posibilidad de que te den por atrás los venecianos.

Mañana seguramente la siguiente parte Very Happy

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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Beneker el Sáb 11 Abr 2009, 00:59

Si todavia no quieres atacar a los Turcos , iría a por los venecianos , total te van atraicionar como siempre hacen.




Saludos


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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Sáb 11 Abr 2009, 01:19

Ahora los contras de atacar a los venecianos: te enemistas mucho por el papa, haces más frontera con más estados (y en este juego el dicho de que el roce hace el cariño va inverso)tienes que evangelizar desde cero casi todas las regiones...

La verdad es que la mejor posibilidad sería quedarse quieto unos turnos, pero ya sabemos cómo se llama el juego Razz

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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Sáb 11 Abr 2009, 12:10



Es pleno invierno en Macedonia, y aunque el sol ilumina los campos y los montes, el frío se hace sentir entre las tropas del Consejo de la Hélade: un grupo de nobles que ha decidido levantarse contra Aleksios en protesta del nuevo reparto de tierras. Pese a que muchos nobles se encuentran en desacuerdo manifiesto, lo cierto es que los levantiscos no parecen ser muchos, y las tropas del Consejo no superan los tres mil hombres.
-¡Mierda! Pensé que al resistir se nos unirían más, pero ni en Bulgaria se atreven a levantarse contra Aleksios.
-Seguramente el norte sigue fiel por el nuero del Emperador, ese tal Loukianos. El Basileus lo trata como a un hijo, y sus tropas tiene bien sujetos a los búlgaros, servios y pechenegos.
-Así no vamos a conseguir nada, pero no nos queda otra. Mandar más emisarios por tracia, macedonia y la Hélade, necesitamos refuerzos ya o no podremos ni pensar en acercarnos a Constantinopla. Maldita sea nuestra suerte.
-¡Mi señor, se acercan un ejército por el oeste!
-Si son del oeste pueden ser aliados- Reflexionó un militar.
-No, son demasiados y llegan en formación de combate. Formad filas, me parece que hoy correrá la sangre.
Y en efecto, no se trataban de aliados, sino de enemigos de los rebeldes. Se trata del ejército de Macedonia, unido al de Adrianópolis, una fuerza combinada dirigida por un renombrado capitán en la Macedonia y en Albania: el conquistador de Durazzo y el Strategos de Tesalónica, a la vez que príncipe heredero de Imperio: Ioannis Comneno, Juan para que nos entendamos. Heredero y ojo derecho de su padre, compila las mejores y las peores consecuencias de haber vivido siendo el centro de todas las miradas de la corte: mientras unos resaltan su honorabilidad, su religiosidad, su inteligencia tanto en el campo militar como en el intelectual; otros le criticarían que siempre vaya rodeado de gente y que sus conocimientos no pasen muchas veces de la mera y virginal teoría.
Juan, como decíamos, traía al campo de batalla, un ejército potente, formado por una combinación de infantería pesada y caballería de proyectil. Antes de entablar combate, Juan hace ondear la bandera blanca, descabalga del caballo, se quita su labrado casco y avanza hacia el centro del campo de batalla, seguido por un par de escoltas.
-Saludos, Lázaro. Vengo acompañado de este ejército para que depongas definitivamente las armas y rindas pleitesía a mi padre, el Basileus Aleksios. Te ofrezco la rendición honorable como buen caballero, y te aconsejo que la aceptes.
Lázaro, anterior Señor de Tesalónica, un sexagenario de estatura baja, con una barba negra encanecida que le llega a cubrir el pecho, refunfuñó algo inteligible antes de bajar definitivamente de su montura. Avanzó, espada en mano, hacia Juan, que no se movía de su sitio.
-Escúchame, niñato. Puedes ser dos cosas: estúpido o mentiroso, y en cualquiera de los dos casos no me voy a rendir. Estúpido por creer que tengo esperanzas de sobrevivir rindiéndome, y mentiroso por si conoces la verdad pero prefieres ocultármela. Mira lo que hago con tu propuesta- Espetó, escupiendo un salivazo cerca de las aterciopeladas botas de Juan.
-Bien, pues no queda nada por decir. Nos veremos en combate.
Ambos regresaron junto a los suyos, subieron a sus respectivas monturas, y dieron comienzo a la batalla. Horas después, tras hostigar a la infantería de Lazaros, el ejército de Juan derrotó al rebelde, que no dudó en entregarse a la huída. La caballería recogió a todo desertor con eficacia, quedando el campo silencioso antes del anochecer.
-Lástima, Lázaro, bien hubieras hecho en entregarte antes de provocar todo esto- Comentaba Juan a su maniatado compañero. Lázaro no había sido herido en la batalla, pero cayó del caballo de cara, y se le habían caído algunos dientes.
-Sin embargo- replicó –mantengo y reitero mi postura.- Y acto seguido le escupió al príncipe un buen salivazo en la bota, esta vez más bien papilla sanguinolienta.
-Irás a las cárceles de Constantinopla, y allí se hará justicia.- contestó Juan, sin inmutarse.
-Justicia... qué sabes tú de justicia


Los últimos soldados rebeldes son capturados

Al norte, mucho más al norte, en las fronteras del Imperio, Loukianos se encontraba en lo alto de una alta colina que daba al Río Danubio. Le seguían sus escoltas, y justo detrás un grupo de siervos mal vestidos y aún peor aseados.
Loukianos conversaba con un jefecillo que cabalgaba a su izquierda, de origen pechenego, nativo de allí.
-Esta colina es estupenda. Desde aquí observamos el curso del Danubio y las tierras que se extienden más allá. Un ejército enemigo no podría pasar desapercibido aquí. ¿El suelo es bueno?
-Sí, se puede instalar aquí una atalaya.
-Bien, pues decidido. Quiero aquí una atalaya con guarnición fija. Que se atrevan esos sucios polacos a intentar algo contra nosotros. Antes de que piensen siquiera en invadir las tierras del Imperio, yo ya estaré debidamente informado en Bucarest de toda acción dentro y fuera de mis fronteras.
-No obstante, y si me permitís la objeción... me temo que estas medidas podrían ser demasiado cautas pera el reducido dinero del que disponen ahora mismo las arcas imperiales. Piense que el territorio que queréis vigilar es ahora una amplia extensión desierta no reclamada por nadie, y habitada por unas gentes tan pacíficas como... rústicas. Polonia está muy lejos del Danubio, amén del poder de Kiev.
-Por ahora, y más vale que prestemos atención a lo que se desarrolla ahí fuera. Algún día esos bárbaros serán conquistados, y para entonces ya estaremos aquí bien fortificados, preparados para cualquier tipo de ofensa.
-Bien, pero entonces podríamos intentar tomar la plaza de Iasi, que nos otorgaría el poder efectivo de esa región. Así esa plaza nunca nos sería hostil, porque nosotros mandaríamos sobre ella.
-Sí, eso pensando que el mundo acaba en Iasi. Pero desgraciadamente al norte de Iasi sí que están ya nuestros posibles rivales: Kiev y Polonia. Sé que la conquista sería más fácil, pero mantener un territorio de religión pagana y sin fronteras geográficas que nos protegieran es más bien tirar el dinero. No, me quedaré en Bucarest.
-¿Eso significa que estaréis aquí esperando un posible ataque?
-Significa que estoy cansado de combatir por los Balcanes. No quiero volver a Constantinopla tampoco, es mucho tumulto para una persona... simple, como yo. Mi esposa y yo nos quedaremos al menos un par de añitos en un humilde palacete gobernando Bucarest, y con la ciudad también toda la thema (provincia bizantina).
-Hmmm... Pensaba que un guerrero como vos no se detendría a descansar.
-Ya, pero un guerrero como yo lleva a sus espaldas a una mujer y a hijos. Ya me he cubierto de gloria y de mil títulos, y ahora quiero criar a mi prole y ser feliz.

Al llegar a Bucarest, un emisario esperaba a Loukianos prácticamente en la misma puerta de la ciudad. En su mano, un sobre muy cuidado, seguramente de la capital, pensó Loukianos.
-Mi señor, un mensaje urgente del Basileus.
-A ver que quiere mi querido suegro- contestó alegre Loukianos mientras descabalgaba. Él se llevaba bien con su suegro, fue cuestión de saber por dónde pillarle y deleitarle con una personalidad más bien falsa. Pero ¿quién no miente para sobrevivir? Y ahora estaba casado con la hija del Basileus, y quizá algún día si moría el primogénito podría él heredar el vasto Imperio. Siempre se había sentido tentado a mover los hilos del destino para heredar la púrpura imperial, pero se trataría de un proceso lento y meticuloso, con un riesgo de muerte que no sabía si estaba dispuesto a asumir, sobre todo con mujer e hijos y una vida relativamente agradable. La púrpura da muchos quebraderos de cabeza, quizá demasiados, pensaba.

Loukianos abrió el sobre. Dentro había una carta limpia y de caligrafía cuidada, propia de los escribas de palacio. Comenzó a leerla mientras cabalgaba hacia su hogar.

Hijo mío
Acabo de recibir las últimas noticias sobre tus éxitos en las tierras más allá del Danubio. Al mismo tiempo, mi primogénito al cual tú ya conoces, Juan, ha exterminado a unas ratas rebeldes en Macedonia. Gracias a vuestras espadas unidas, el Imperio por fin resurge.
Como sabrás, aún queda mucho camino por andar, y he tomado una decisión. Requiero nuevamente de tus servicios, esta vez contra un enemigo organizado y muy poderoso. Si, Loukianos, ha llegado el momento de recuperar lo que es nuestro, lo que siempre ha sido nuestro y lo que será de seguro parte del Imperio en cuestión de unos años: Anatolia, Loukianos, la tierra que los tiranos selyúcidas nos arrebataron y que debemos recuperar por el orgullo del Pueblo Romano.
Requiero de tu presencia y la de todo tu ejército menos la guarnición necesaria para dentro de unos meses. Haz los preparativos que veas convenientes y encamínate a Constantinopla. Allí ultimaremos planes.
Aleksios, Basileus ton Romanoi.


-Mierda, mierda y mil veces mierda...- susurró por lo bajo Loukianos. El suegro se ha vuelto loco si cree, reflexionó, que las fuerzas imperiales pueden equipararse ahora al ejército turco. Y encima ahora que acabamos de salir de la crisis... Dios bendito, qué disparate. Y lo peor es que estaba condenado: no podía negarse, y si sobrevivía en la campaña todas las culpas recaerían seguramente sobre él. Entre tanto, ya había llegado a su morada, y allí le recibía su mujer y sus pequeños, a los cuales no les prestó demasiada atención porque se encontraba al borde de la furia, o mejor dicho, de la desesperación. Cogió una botella de vino mientras le entregaba la carta a su esposa.
Ana, su esposa, no era para nada una mujer corriente. Si bien sabía respetar a su marido, sus aficiones eran la lectura, la escritura y, en general, todo lo referente al cultivo del intelecto. Esto ni gustaba ni dejaba de gustar a Loukianos, pero escandalizaba a muchos. Pero para algo era la hija del Basileus, así que en apariencia todo el mundo estaba de acuerdo en que sus actividades eran válidas para una mujer, y lo que es más, sanamente recomendables.
-Loukianos, tampoco es para tanto- comentó Ana, que había acabado de leer la carta.
-¿Qué no es para tanto? Al parecer tu padre quiere verme muerto, y a ti separada de mí. Turquía será un enorme campo de batalla, por lo que te quedarás en Constantinopla con tus queridos libros- contestó, cada palabra más amarga que la anterior.
-¿No te das cuenta? Es una oportunidad para hacerte con aún más gloria-
-Al contrario, pequeña, si voy allí es para volver sin mi escudo o sobre él. Es una guerra que no se puede ganar-
-Si papá estima que es posible, es que lo es. Confía en él, a lo mejor no te ha contado algo y estamos aquí haciendo un drama. A lo mejor va también mi hermano Juan- comentó con cierto tono de picardía.
Lo cierto es que Ana era la que le había metido las ideas a Loukianos de perseguir la púrpura imperial, el trono del Imperio. Su mujer veía con muy malos ojos a su hermano, heredero por derecho, y era común oírla hablar en contra suya. Tu, mi amor, había comentado por lo bajo más de una vez, tendrías que ser Basileus.
-Iré a Constantinopla porque no me queda otra, pero luego veremos. Que no soy tonto.-

A los dos días partieron hacia Constantinopla, dejando a cargo de Bucarest a Nathanail Sevastopoulos, un hijo adoptivo de Juan. Loukianos hubo de entregarle hasta el título nobiliario de Bucarest, cosa que le dolió bastante.
-Tu hermano, Ana, no se corta en adoptar a hombres hechos y derechos con aspiraciones claras al trono. Fíjate, ese Sevastopoulos y sus otros tres hijos le sacan unos añitos, que vergüenza...-

Cuando llegaron a Constantinopla, el propio Aleksios les recibió en palacio
-¡Hija mía, cuanto me alegro de verte después de tanto tiempo! Loukianos, hijo mío, se te ve bien.- comentó, sinceramente sorprendido de ver tantas cicatrices en un rostro regio.
-Padre, las marcas son orgullosas condecoraciones de mis batallas en el norte, siguiendo vuestra voluntad y culminando siempre en victoria.-
-Así me gusta, hijo. Pero como sabes ya, las conquistas no se detienen en Bucarest- dijo Aleksios, ya comenzando a caminar junto a su nuero por los pasillos de palacio, dejando a Ana y a los niños a los cuidados de los criados.
-Cierto, y aquí estoy para continuarlas, al parecer-
-¿Acaso no te apetece ir a Anatolia?
-A mí me encantaría, pero me siento inclinado a pensar por mis hijos y mi esposa, que tantas temporadas de campaña han ansiado mi presencia. Ana no puede ir a Anatolia, será un lugar peligroso.-
-Querido Loukianos, parece que conozca yo más a mi hija que tú como esposa que es para ti. Ana querrá ir contigo y te acompañará con el ejército. Además, no habrá ningún lugar más seguro en el Imperio que a la sombra de tus valientes soldados.-
-No, padre. Ana no podría venir. Conozco mis posibilidades- dijo, mientras Aleksios abría una puerta que daba lugar a una pequeña sala con una mesa rodeada de ricas sillas con piedras preciosas incrustadas e imágenes talladas.
-Ana irá, y te motivará a luchar-
-Yo lucharé, pero más turbado si he de proteger a mi familia además de a mis conquistas-
-Loukianos, sabes cómo es Ana. Yo no puedo convencerte, al parecer, pero ella querrá ir e irá al final. Es su carácter, tan dócil en unas cosas y tan rebelde en otras
-La convenceré de que se quede aquí, en Constantinopla, al amparo de los sirvientes y de la guardia imperial.
-Tú decides.


Los ejércitos están listos.

Los días siguientes, Loukianos repasó con el Basileus y con otros jefes militares el plan a seguir. En Constantinopla ya se está reclutando y entrenando un nuevo ejército, formado por milicias de lanceros e infantería de proyectil, al que se unirá el ejército que resta de los Balcanes. Desde la Ciudad Eterna se cruzará el Bósforo y se tomará Nicea, mientras Juan, que se encuentra en Adrianópolis con otro ejército de igual tamaño (unos 10.000 efectivos) cruzará simultáneamente el estrecho del Dardanelos para tomar Cannakale. Con el Mar de Mármara asegurado, se avanzará poco a poco por Anatolia, moviendo los ejércitos según las necesidades del momento. A la vez, la reducida guarnición de Smyrna hará un esfuerzo para tomar Isparta, al este, muy mal defendida, y allí contener como puedan toda posible respuesta. Se envían meses antes una legión de oradores y sacerdotes a toda Anatolia, para preparar el terreno, y un espía observará la situación en Ankara e Iconia. El plan es el mejor posible con nuestro reducido contingente de tropas, y no puede fallar. No debe fallar.
-Muy bien, pero esto es para Anatolia. En cuanto crucemos el Éufrates tendremos serios problemas, tanto de suministros como de fidelidad de las regiones sometidas, como de que los putos turcos saben moverse por esas montañas como condenadas ratas.
-Para entonces las fuerzas enemigas serán muy exiguas, no pueden rehacer su ejército en esas yermas tierras.
-Recuerda Manzikert, padre. Recuerda Manzikert.


Última edición por Fran Jr el Sáb 11 Abr 2009, 13:30, editado 1 vez

Fran Jr
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Sáb 11 Abr 2009, 12:14

Continúo el texto en este nuevo mensaje, no porque me enctante hacer spam, sino porque me pone si lo cuelgo todo en un mensaje que éste es demasíado largo. Por lo tanto, os dejo aquí el final:

________________________________________________________________________________________________________

Amanece en Constantinopla, año 1108. Las tropas allí estacionadas durante varios meses inician de nuevo su marcha. El Basileus lee un discurso emotivo sobre la campaña que acaba de comenzar. Que si la gloria de Bizancio resurge, que si los infieles turcos encontrarán su perdición en el águila imperial... ojalá Loukianos pudiera sentirse motivado con tan huecas palabras, más para recibir aclamaciones de la muchedumbre que para alimentar las esperanzas de un curtido general como él. Aleksios desciende los peldaños de la escalera de mármol y saca de su cinto una espada enfundada. Todo es parte del un mismo juego, pero la población observa extasiada.
-Esta es la espada que he portado estos años, y fue la espada que el Basileus Romano IV portaba en Manzikert. Quiero que la lleves contigo, que la empuñes en la batalla si te ves con las fuerzas necesarias, y que la ensartes en el cadáver del sultán turco. Dios bendiga esta espada, pues es espada redentora, Amén.
Loukianos se santiguó y comenzó a cabalgar junto a sus tropas. Iba quedando atrás el palacio imperial, y en una ventana de entre todas asomaba una cara pálida entre rubios cabellos. Ana observaba a su marido marchar a Asia, entre lágrimas que callaba como buenamente sabía hacer. Loukianos, que había estado atento, se giró en su montura y le lanzó un beso al aire. Odiaba haberla obligado de esa manera a quedarse en la ciudad, pero no podría, simplemente no podía, ir a Anatolia. Dudaba que él mismo saliera de ella con vida. Diez mil hombres confiados marchaban con él, pero si lo hacían es porque confiaban en su capacidad de mando. Ojalá Loukianos pudiera sentirse tan confiado, pero sería su pericia la que le haría avanzar por tierras del turco.



Durante el primer día, lo que quedaba de la flota imperial se encargó de hacer cruzar al ejército por el estrecho. Una vez cumplida su misión, se retiraron a Constantinopla, cortándoles la retirada. Muchos soldados, al verse en una tierra hostil (pues no olvidemos que la mayoría del ejército no había recibido aún su baño de sangre) comenzaron a sentir congoja, y muchos observaban con nostalgia la lejana Constantinopla, allí, al otro lado del Estrecho.
-No seáis estúpidos, soldados. Lo que allí veis es solo una ilusión. Porque Constantinopla, todo lo que la ciudad representa, ya no se encuentra al oeste, sino al este, justo después de Bagdad.


____________________________________________________________________________________________________


Bueno, y aquí abajo comentarios. Pensaba poner esta tecera parte (que es, como la primera parte, una larga introducción de lo que será la invasión de Anatolia) por la tarde-noche, pero creo que a partir del mediodía no volveré a encender el ordenador hasta mañana. Por si acaso entonces, pongo ya la parte, y quizá tardo hasta dos días en postear la cuarta entrega.

Espero que os vaya gustando, fallos y comentarios, lo que queraís, justo debajo Wink


Última edición por Fran Jr el Lun 13 Abr 2009, 11:40, editado 2 veces

Beneker
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Beneker el Sáb 11 Abr 2009, 12:37

Me ha gustado mucho , espero el siguiente.

Te tienen que dar el premio a relatos cortos.


Saludos


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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Caballero Portugues el Sáb 11 Abr 2009, 13:08

Muy bueno como siempre Smile .Estoy totalmente enganchado a tu narracion.Espero impaciente la siguiente.

Lethkorias el Campeon
Comandante
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Lethkorias el Campeon el Lun 13 Abr 2009, 11:23

sinceramente fran, eres el mejor narrando tio Razz espero que continues y a ver que horientacion le das a tu campaña Very Happy

Fran Jr
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Lun 13 Abr 2009, 11:37

Esta semana y la siguente escribiré poco porque tengo semana de exámenes, pero trataré de hacer el capítulo cuarto en breves, hoy o mañana.

Gracias por los ánimos Razz

Fran Jr
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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Fran Jr el Lun 13 Abr 2009, 16:54

Aquí va una apurada cuarta entrega. Seguro que tiene varios errores, pero ya me encargaré de ellos cuando relea el texto más a fondo
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Cannakale, invierno del año 1108. Juan desfila a acaballo frente a su ejército, a poco más de cien metros de la ciudad fortificada y de los enemigos turcos que la custodian. Observa los rostros de cada uno de sus soldados, tratando de ayudarles a avivar en su interior la llama del patriotismo y del valor.

HIJOS DE BIZANCIO, HIJOS DEL PUEBLO DE ROMA, OS HABLA IOANNIS COMNENO, PRIMOGÉNITO DEL BASILEUS ALEKSIOS Y CAMARADA VUESTRO EN COMBATE
EN ESTE DÍA HAREMOS HISTORIA, NACERÁ UNA NUEVA ROMA, UNA NUEVA HÉLADE, UN NUEVO IMPERIO MACEDÓNICO QUE SE EXTENDERÁ DESDE CONSTANTINOPLA HASTA LOS CONFINES DEL MUNDO. SEGUIDME EN ESTA SANTÍSIMA GESTA, CABALLEROS, Y VUESTRA RECOMPENSA SERÁ INFINITA, TANTO EN ESTE MUNDO COMO EN EL SIGUIENTE. LOS QUE ME TRAICIONEN Y VUELVAN SUS ESPADAS CONTRA EL IMPERIO MORIRÁN, Y NO PODRÁN REDIMIR SU CULPA NI EN ESTA VIDA NI EN EL MÁS ALLÁ. MANTENGÁMONOS UNIDOS, JUNTOS EN TORNO A LA SANTA CRUZ Y AL ÁGUILA IMPERIAL, Y DERROTEMOS ASÍ AL ENEMIGO INFIEL
¡SOLDADOS DE CONTANTINOPLA, HIJOS DE ROMA, OS ATA UN JURAMENTO! ¡DADLE AHORA CUMPLIMIENTO! ¡POR EL EMPERADOR Y POR EL PUEBLO DE ROMA! ¡ADELANTE!


Juan Comneno, Diadohos, príncipe, heredero del Imperio

Mientras, al este, Loukianos se encuentra frente a la ciudad de Nicea, antiguo centro comercial y cultural del Imperio. Enarbolando la bandera blanca, se acerca a las murallas de Nicea, que se abren lo suficiente como para permitir la salida del gobernante de la ciudad, Kilij Arslan.
-Saludos, Loukianos, conquistador de los Balcanes, y ahora tirano invasor de Anatolia.
-Qué extraño, no sabía que fuerais a regalarme el título que os ha pertenecido desde hace treinta años.
-La situación me obliga a pediros la paz negociada. Mis tropas se retirarán de la ciudad, y nos replegaremos hasta Ankara.
-Ankara está muy cerca... ¿qué tal a Asia, de donde nunca debisteis salir?
-Tus palabras no son corteses.
-No suelo cuidar mi lenguaje cuando hablo con los muertos. Tus soldados serán rehenes del Imperio, y tú morirás en la horca.
-En ese caso no hay negociación posible.
-Por supuesto que la hay, buen hombre. Si decidís luchar, todo prisionero será ajusticiado, y la cuidad será saqueada. Me pregunto qué le decís a eso.
-Os digo que no pasareis por estas puertas, bastardo infiel.
-Eso se verá, pero yo de ti no me haría ilusiones.



Con menos de 300 bajas, los soldados de Roma capturan Canakkale y Nicea. Al sur, en Smyrna, el gobernador de a ciudad negocia con mercenarios para tomar Isparta
-Se os pagará el doble que al ejército no mercenario, pero a cambio pido fidelidad, y castigaré los descuidos.
-Estese usted tranquilo, Isparta caerá.
Efectivamente, al año siguiente, las tropas se posicionaban frente a Isparta. Los turcos contaban con la superioridad numérica, pero los mercenarios musulmanes de los romanos iban muy bien armados y equipados. Con escalas saltaron a las murallas, y el ariete destruyó el portón, permitiendo a la caballería pesada arrollar a los turcos que aún defendían la plaza central.


Las tropas romanas entran en Isparta.

Victoria tras victoria, sin apenas nada que lamentar, las tropas romanas se van abriendo paso por Anatolia, sembrando el desconcierto y el miedo entre la población musulmana de la península. El sultán turco en persona decide trasladarse a Ankara, para planear mejor su estrategia o morir como un valiente. Mientras, el ejército turco avanza desde el este, un ejército capaz de derrotar sobradamente a Juan y a Loukianos.
Mientras, hablando de economía, las arcas bizantinas vuelven a verse llenas, pero no por mucho tiempo. El gasto militar, el envío de religiosos a Anatolia y sobre todo las obras para transformar Canakkale en una ciudad no fortificada acaban en tan sólo un año en bancarrota financiera. No obstante, poco a poco, se consigue recuperar el ritmo económico, logrando unos exiguos beneficios año tras año a partir del 1110.

En los Balcanes, parte de Bulgaria se levanta en armas, pero la rebelión es duramente sofocada casi al instante. En Anatolia, cae Ankara bajo Loukianos, y muere el sultán turco, atravesado por la ancestral espada de Manzikert. El nuevo sultán espera ansioso los refuerzos en Iconia. No duró mucho su reinado: en el año 1113 cae la ciudad.


Miembros de la Guardia Varenga del Basileus se abren paso a hachazos en las murallas de Iconia.

Pese al avance exitoso en los primeros años, las nubes comienzan a oscurecer el sol del Imperio. En Cesárea, más de 20.000 turcos se preparan para el contraataque, furiosos por el trato que han recibido la población musulmana sometida y por las conversiones religiosas masivas que los sacerdotes ortodoxos realizan en los dominios selyúcidas.
-Cesárea es una poderosa fortaleza, y los turcos son demasíados para entrar en combate sin pensar.
-Pero Juan, no hay vuelta atrás. Debemos tomar Cesárea sí o sí, y por cada día que le demos al turco, ellos se herán más y más fuertes, mientras que nosotros por ahora no podemos permitirnos reclutar ni un soldado más. Esperar refuerzos de Constantinopla sería una patraña, moriríamos todos, lo mejor es atacar y tomar Cesárea a sangre y fuego. Allí podremos preparar los refuerzos necesarios y reorganizarnos.
-Loukianos, tendrás mucha razón, pero si perdemos allí se acabará nuestra campaña. Lo que es más, dejaremos a todo el Imperio con el culo al aire frente al mundo. Los normandos de Italia aún no han firmado la paz, y no lo harán porque no les conviene, y eso es porque en cuanto nos vean tropezar se lanzarán a por Gracia como se lanzaron a por Nápoles antaño. Los venecianos otro tanto, aunque por ahora no son abiertamente hostiles. Date cuenta, Loukianos, de que representamos a la práctica totalidad del ejército bizantino. Si caemos, el Imperio entero caerá con nosotros.
-Muy bien... muy bien. Así que sugieres firmar una tregua y santas pascuas ¡ELLOS NO QUIEREN UNA TREGUA, MALDITA SEA!- Gritó, ya enfurecido, a la vez que golpeaba la mesa con los puños cerrados. –Son ahora una masa asquerosa de bárbaros furiosos, de bebedores de leche de camello frustrados que no caminarán sino a la venganza. Nuestro deber es exterminarlos, pues son una plaga que Bizancio lleva ya décadas sufriendo. Que hayamos liberado territorios no significa que no los volverán a recuperar, lo están deseando esos bichos de mierda. Y si no actuamos ahora, ellos actuarán cuando nosotros no podamos contestar. Y recuerda, cuñado, que esta guerra es una guerra santa por Dios y por la santa fe. Ni se te ocurra mancillar esta cruzada.
-Piensa con la cabeza fría, podemos perder.
-Ya, pero podemos ganar. Bizancio necesita ganar.

Finalmente se decidió la construcción de dos fuertes en los dos pasos principales del río Halys, el llamado por los turcos Kizilimrak, que formaba una especie de frontera entre las zonas controladas por los selyúcidas y las controladas por los romanos (a excepción de Sínope, ciudad ahora libre por la que no habían pasado los ejércitos de Constantinopla aún).Estas fortificaciones servirían de refugio a las tropas en caso de salir malparados de la batalla que se produciría en Cesárea. Al norte, justo enfrente del puente que permite atravesar el río, se sitúa Juan. Al sur, en el fuerte situado entre el río y una cadena montañosa, Loukianos, con un ejército visiblemente mayor al de Juan. Los turcos protegían el paso del río, pero no avanzaban hacia las líneas romanas. Las líneas romanas, pues, debían avanzar hacia los turcos.


Los ejércitos en Cesárea antes de comenzar la ofensiva

Así daba comienzo la gran batalla de Cesárea, que se dividió en tres partes. Primero, los dos ejércitos atacaron en la noche al destacamento turco en el río, logrando una gran victoria. Acto seguido, la batalla principal, a la noche siguiente, se sucedió algo más al este, entre el ejército turco principal y la fuerza combinada de Juan y Loukianos. La batalla fue decisiva, logrando la huída y captura de los pocos supervivientes, que tampoco sobrevivieron para ver el salir el sol una vez más.


En medio de la noche, los selyúcidas tratan de zafarse de las fuerzas romanas, sin éxito

-¡Cesárea es nuestra! ¡Viva Constantinopla y nuestro Basileus, a quien le dedico esta victoria!- proclamaba poco después Juan, al alcanzar junto a su ejército la plaza principal de Cesárea. Pero aún restaba un poderoso ejército turco al este de la ciudad. Esta fue, pues, la tercera y última parte de la larga batalla de Cesárea. El ejército de Loukianos, que se había refrescado con caballería mercenaria ligera y pesada, entregó la infantería a Juan, mientras los caballos rodeaban al ejército selyúcida, que estaba dispuesto a combatir hasta el final. Ciertamente aún podían dar un vuelco a la situación, o al menos podían confiar en debilitar en exceso las tropas romanas, de tal forma que éstas no pudieran proseguir sus conquistas.

Juan contemplaba el campo de batalla que se desplegaba ente sus ojos. Una mar de hierba, un cielo nuboso, y al final... el ejército turco. Las palabras de arenga le salieron solas, no podía dejar de pensar en la posible derrota. Pero había que tener fe, se repitió confiado. Fe en Dios y en su voluntad divina.



La infantería romana se mantiene formando una gruesa línea, mientras que los turcos avanzan por una ligera pendiente. La caballería mercenaria comandada por el propio Juan interviene, la ligera cargando sobre un flanco con caballería de proyectil turca, la pesada sobre los arqueros, que huyen despavoridos. Antes de dar oportunidad a la infantería de lanceros a reaccionar, la caballería pesada les flanquea por la derecha y ataca a su caballería de proyectil restante sembrando cierto caos en el enemigo. Los turcos, temerosos ya, confían en solucionar todo con una carga directa, y se dirigen cada vez más decididos hacia los soldados romanos. Pero de entre éstos surgen mil flechas y cien astas que se clavan en los cadáveres de los infieles. El terror comienza entonces a cundir en algunos soldados, y es entonces cuando aparece, en una lejana colina, Loukianos y su ejército.
Los turcos no se dan aún por vencidos, y chocan contra la infantería, que a la defensiva y mejor equipada los despedaza de tal manera que les hace huir como demonios. Pero es imposible la retirada, ya que la caballería no da cuartel, y tan sólo 140 turcos regresaron libres a sus hogares.



Ahora Juan y Loukianos habían logrado una victoria decisiva sobre los turcos, y el camino hacia Oriente Medio estaba prácticamente conseguido, ya que ningún ejército era suficientemente grande como para vencerles. No obstante, Loukianos recibe una noticia que le hace enfurecerse. Se de sus aposentos en Cesárea, entra en los de su cuñado y, rojo de furia, le espeta:
-¿HAS LIBERADO A LOS PRISIONEROS, ATONTADO?
-A cambio de un cuantioso rescate, por supuesto
-¡¡ERAN 2750 EFECTIVOS, MEDIO EJÉRCITO QUE AHORA VOLVERÁ AL CAMPO DE BATALLA!!
-¡Los turcos nos han pagado con un dinero que el Imperio necesita, tres mil florines en total!
-ERES UN ESTÚPIDO, NOS HAS CONDENADO
-Eres tú el estúpido, no ves bien la realidad de nuestra situación. Tenemos dinero, Anatolia prácticamente asegurada, y los soldados que regresan a sus hogares se encuentran aterrorizados.
-No te das cuenta, ¿verdad? Cesárea es la punta de la lanza, ellos poseen aún un vasto territorio lleno de riquezas, RIQUEZAS QUE NUNCA POSEEREMOS POR CONTENTARTE TÚ, ABORTO DE SUBNORMAL, CON TRES MIL FLORINES DE MIERDA
-¡BASTA, BASTA YA! ¡TE ORDENO QUE CIERRES ESA BOCA Y DEJES DE BLASFEMAR! ¡SOY EL PRÍNCIPE DE CONSTANTINOPLA ACATARÁS MIS ÓRDENES!
-Lo que tú digas, cuñadito, lo que tú digas... nos has condenado a todos, y muy pronto serás el príncipe de un libro de historias antiguas, ¡porque eso es lo que quedará de nuestro Imperio!
-¡SILENCIO, BASTA YA! ¡COMO NO TE LARGES AHORA MISMO DE MIS APOSENTOS, HARÉ LLAMAR A LOS GUARDIAS!
-Maldita sea, Juan, pensaba que no eras tan estúpido.
-FUERA
-Que te claven una estaca por el culo esos sucios turcos, porque por tu falta de huevos se ve que lo necesitas- contestó Loukianos. Acto seguido, cerró la puerta sonoramente, dirigiéndose a los baños del castillo para relajarse, y sobre todo, para pensar: era la primera vez que realmente se sentía tentado a seguir los consejos de su esposa. Ya no se trataba de su bien, ni el de su familia, sino del bien del Imperio.



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Bien, esto es todo por hoy al menos. Espero que os guste, cuando pueda por la noche lo releeré todo y retocaré lo que haya que retocar Very Happy


Última edición por Fran Jr el Lun 13 Abr 2009, 23:40, editado 1 vez

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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Beneker el Lun 13 Abr 2009, 19:04

Como siempre, muy bueno el relato .

Espero el sieguiente.
Saludos


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Re: Basilea ton Romaion (Campaña bizantina en el SS 6.1)

Mensaje por Caballero Portugues el Lun 13 Abr 2009, 21:49

buen relato y buena victoria Wink .+rep para ti por el buen desarrollo de la campaña
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