Los hermanos del bosque.
Así, en el reino de Mitanni (que ocupaba parte de la actual Siria) había ocurrido una cosa muy importante: el rey Tushratta había muerto. Decían que asesinado, por uno de sus hijos, deseoso de acceder al trono del reino. En aquel momento, la situación del reino no era muy buena: durante un tiempo, Mitanni y Egipto habían estado aliados contra los pueblos sirios y el reino Hitita (que ocupaba la actual Turquía), pero ahora Egipto, durante el reinado del hereje faraón Ajenatón, se había despreocupado de todo, dejando sola a Mitanni, y tampoco estaban ya los minoicos… En resumen, Mitanni estaba al borde de la guerra civil, y los hititas, como no habían conseguido conquistar Mitanni, querían poner de heredero al trono a Artatama, que sería aliado de ellos. Pero no contaban con los asirios, un pueblo mezcla de indoeuropeos y semitas que llevaba años bajo el poder de Mitanni, y que no sólo no había perdido su cultura, sino que querían su independencia. Ellos, que deseaban que el próximo rey de Mitanni estuviera de su parte, apoyaron a Shuttarna, el cual mató a Artatama, y prometió la independencia a Asiria. Pero eso ya desesperó a Suppiluliuma, rey hitita, porque se dio cuenta del poder que podía tener Asiria, y consiguió colocar a otro partidario suyo: Shattiwaza, en el trono de Mitanni. Pero no sirvió: al final Asiria apareció como un reino independiente, y tal como temía el rey hitita, este reino, en un futuro acabaría siendo su peor rival y destruiría a Mitanni. Como podéis ver, la política antigua era muy interesante, y en este caso (la independencia de Asiria) es en lo que voy a fijarme.
Sería cerca de Assur, o Nínive, no estoy seguro, pero el caso es que esto ocurre en un pueblo al pie de las montañas, donde había mucha caza. En aquella época, esas regiones tenían leopardos, leones y osos, pero hoy en día no hay gracias a Roma, que se los cargó para sus juegos de circo. Y bien, pues vivía allí en un pueblo un cazador cuyo hermano se había ido a Asia Menor (bajo el poder hitita) para poder comerciar con minerales, pero aquello había sido antes de la independencia de Asiria. Cuando volvió, bastante rico, Asiria ya era independiente. Pero los asirios eran famosos por su crueldad, y los vecinos del pueblo tacharon injustamente al comerciante de traidor para poder quedarse sus riquezas.
--¡Eso que decís es una calumnia! Mi hermano no ha ayudado ni al reino hitita ni a Mitanni, simplemente se ha hecho rico comerciando y por eso ha vuelto al pueblo.
--¡Cállate, cazador, y vuelve con tus fieras del Monte! Si la mayoría del pueblo dice que es un traidor, lo es y punto.
--¿Desde cuando la mayoría tiene razón porque sí? ¡La razón la tienen los sabios reyes que han de gobernar al pueblo, no la plebe inculta!
--Pues tú también eres parte de la plebe así que cállate, estúpido filosofete. Nuestro rey está muy ocupado luchando contra el malvado rey de Mitanni, así que no puede ocuparse de estas cosas.
--¿Malvada Mitanni? ¿Por defenderse de nuestros ataques? ¡Cuando éramos parte de su reino, defendíais al rey de Mitanni!
--Cállate de una vez. Tu hermano será condenado a morir por traidor, y sus riquezas serán repartidas entre todo el pueblo menos tú, por imbécil.
Mataron cruelmente al comerciante, y lo enterraron justo al lado de la casa de su hermano, según la costumbre asiria. Aún así, el funeral fue muy bonito, con un ritual y música de arpa. Pero eso no consoló a su hermano.
Irónicamente, a eso lo llamaban Justicia. Era muy curioso: cuando vivían bajo el poder de Mitanni, vivían bien, pero la gente no era feliz porque querían la independencia. Ahora que eran felices por ser independientes, resultaba que no había apenas ley. El cazador, que nunca había pensado en política, de repente se dio cuenta de los sistemas que usaban los gobernantes para someter al pueblo inculto. Lleno de ira, recogió todas sus armas mientras sus vecinos celebraban la riqueza que habían conseguido, y él tranquilamente, afiló su daga. Ya en la madrugada, cuando todos dormían, se dirigió a la casa del jefe del pueblo, dispuesto a castigarle por la muerte de su hermano. Por el camino se encontró a un borracho.
--¡Vaya, pero si es Tiglatpileser, el hermano del traidor! Por imbécil, y por entrometerte en el camino de la ley, deberían haberte matado a ti también.
--¿Ah, sí, la ley del pueblo inculto? Voy a matarte, imbécil.
Antes de que el borracho pudiera pedir ayuda, Tiglatpileser le atravesó el cuello con su daga. Y entonces se dirigió a la casa del jefe del pueblo, pero ésta estaba custodiada por un gran perro. Tiglatpileser no lo dudó, y le disparó con una flecha envenenada, que lo mató al instante.
--Dios Assur, perdóname por haber matado a este animal que no me había hecho daño alguno, pero debo cumplir mi venganza.
Utilizando su sigilo, entró en la casa del jefe, y le rajó la garganta mientras dormía. No descubrirían su muerte hasta el alba.
Rápidamente, Tiglatpileser recogió todas sus armas y huyó al interior de la montaña. Allí pasó varios días viviendo de lo que le daba el bosque, pues era un cazador experto y sabía cómo vivir solo. Se refugiaba en las cuevas y sabía la hora por el Sol o las estrellas. Pero él nunca había estado solo tanto tiempo, y el recuerdo de su hermano muerto le llenaba de una ira intensa que le impedía dormir por las noches. Se convirtió en un monstruo. Cada vez que alguien se atrevía a internarse en el bosque, no lo dudaba y lo acribillaba a flechazos. Los habitantes de la región hablaban de un terrible demonio que habitaba aquellas montañas. Los asirios eran un pueblo muy supersticioso. Mientras, Tiglatpileser sentía dentro de sí el poder del odio: ese gran calor que se siente por dentro, y esa gran necesidad de hacer pagar caro al Mundo lo que ha hecho.
--¿Es posible que ese demonio del bosque sea Tiglatpileser? Desde que mató al jefe de nuestro pueblo (seguro que fue él) no hemos vuelto a verle.
--¿Importa acaso? ¿Quién va atreverse a ir allí a detenerle?
Injustamente, Tiglatpileser no se conformaba con matar a cualquier persona que viera, también empezó a matar animales sin motivo, sólo por el placer de matar. Acabó olvidando todo lo que le hubiera dado sentido antes a su vida: la comida, el sexo, los amigos, la naturaleza… incluso su querido hermano, al que tanto había esperado tiempo atrás. Un día, mató a media manada de gamos, y luego siguió matando leones y leopardos. Pero un día, vio a una osa con sus 2 oseznos escarbando en un revolcadero de jabalíes. No lo dudó y de un rápido tiro de flecha atravesó el cuello del animal. Pero unos días más tarde, volvió a aquel lugar. No quedaba ni rastro del cadáver de la osa (ya habían dado cuenta de ella los carroñeros) pero allí seguían los oseznos. Los pobres daban muestra de estar a punto de morir de hambre, pero se consolaban lamiéndose los hocicos.
Aquello rompió la coraza que el odio había hecho en el alma de Tiglatpileser (en recuerdo de la amistad que tenía con su difunto hermano), y éste se compadeció de los pobres animales. Los adoptó y los cuidó. Desde aquel entonces, los asirios empezaron a contar la leyenda (que hoy en día se conoce gracias a tablas de arcilla) de un hombre que vivía con 2 osos, y que tenía una gran habilidad de cazador, y que había sido elegido por los dioses, para proteger sus tierras de caza. Y tened por seguro que casi nadie se atrevió en mucho tiempo a entrar en esos bosques…
FIN