Fran Jr escribió:Os dejo aquí, buscando llegar al acuerdo, la información que iba a incluír en el juego de rol de la reconquista, que sería llamado Juger's III. Empecé con la facción de navarra, y pasé días buscando información en internet, en mis libros y en un par de bibliotecas. Así pues, os lo pido, tenedla en cuenta.
Por cierto, está escrito a modo de arenga cristiana a favor de la reconquista, para animar al jugador navarro, como sucede en las introducciones del Rome Total War:
REINO DE NAVARRA
El Reino de Pamplona o de Navarra es uno de los antiguos núcleos de resistencia cristiana frente a los moros. Con la insigne ciudad de Pamplona como centro indiscutible del Reino, los territorios en los que se ejerce la ley del monarca se extienden desde la capital navarra en todas direcciones. Hacia el norte, los límites del Reino se confunden entre los montes pirenaicos, adentrándose en la Aquitania o Gascuña. Hacia el sur, una serie de pueblos asentados en el valle del aún joven río Ebro delimitan la frontera, y dan paso a la desolada tierra de nadie, y más allá a los reinos de los moros. Las tierras del Reino se encuentran sembradas por aldeas vascas, dispersas en un sinfín de bosques y colinas del pre pirineo.
Pamplona no se encuentra sola en la defensa de los ideales cristianos frente al enemigo sarraceno, ya que delimita fronteras con el joven Reino de Aragón al este y con el recién nombrado Reino de Castilla en el oeste. Ambos pueden significar una amenaza para los intereses navarros, pero es en Castilla con quien el rey de Pamplona habrá de demostrar más astucia, ya que ésta se cree legítima dueña de los territorios más occidentales del reino. Hace ya algunos años, los monarcas navarro y castellano se enfrentaron por el dominio de las tierras en la batalla de Atapuerca. Allí fallecía nuestro rey: vientos de cambio parecen golpear las murallas y bastiones de Pamplona.
Pero esto no fue siempre así: hubo otros tiempos en los que desde Pamplona se imponía la ley y el orden sobre los reyes y gobernantes cristianos de toda Hispania. Durante el reinado del aguerrido Sancho III, apodado "El Mayor", Pamplona consiguió aglutinar en su poder los territorios de Castilla, Navarra y Aragón, invadiendo Sancho León y proclamándose Imperator Hispaniorum al conseguir la captura de la ciudad. Fueron los gloriosos días de nuestro bien amado Rey Sancho, que aún perduran en los cantares de gesta y en el recuerdo de nuestro orgulloso pueblo navarro.
Desgraciadamente, ese tiempo ya pasó, y con la muerte de Sancho murió también su sueño de una Navarra poderosa y fuerte, con su orgulloso linaje real encabezando la sagrada Reconquista cristiana. Ya han pasado treinta años desde aquellos días. Otros reinos llevan ahora la voz cantante en la península, y el poder navarro y de Pamplona no es ya de temer. Pero los tiempos cambian, y dan paso a menudo a nuevas oportunidades de victoria y gloria. El rey castellano Fernando I acaba de morir, y sus hijos se reparten ahora la herencia del otrora poderoso reino. El poder de Burgos y de León parece debilitarse: si llegara al trono un monarca decidido y fuerte, quizá Navarra podría volver a dirigir los destinos del cristianismo y de Hispania una vez más...
Economía y sociedad
El Reino de Pamplona no vive ahora sus mejores momentos. Sus territorios son más adecuados para la ganadería que para la agricultura (la cual prospera en el valle del Ebro), y sus rutas comerciales no son muy populosas ni ricas. La notable excepción la encontramos en la ruta del peregrino a Santiago de Compostela. Gracias a ella, cientos de fieles atraviesan cada año los Pirineos para visitar el segundo lugar de peregrinaje de la cristiandad, siempre detrás de Roma. Los campesinos llegados del norte suelen hacer un alto en las ciudades del reino, y son muy pocos los que deciden no entrar en Pamplona. Esta fuente de ingresos extraordinaria es muy valiosa para una sociedad que sobrevive a base de una ganadería no muy potente y una exigua agricultura, y con un comercio espantado por las bandas de salteadores de caminos y las pésimas vías de comunicación que recorren el territorio.
Los habitantes del reino pamplonés provienen en gran parte del antiquísimo pueblo vascón, ya mencionado en textos romanos como una de las tribus de Iberia. La influencia de tan peculiares gentes se hace sentir en todo el reino, adentrándose aún más al norte por la Aquitania. Además, y lejos de tratarse de una mera influencia cultural, perviven aún en el noroeste del reino restos de la sociedad arcaica que contempló con los mismos ritos y palabras la llegada de Roma a esta región. Estas gentes, llamados vascos, vascones, vascongados o vizcaínos, viven en aldeas remotas, perdidas entre los verdes valles y densos bosques del pre pirineo. Muchas veces recurren al pillaje como método de supervivencia, formando bandas de salteadores que siembran el caos en la zona. Su lengua es el euskera, cuyos orígenes nos son completamente desconocidos y no se parece en nada a otras lenguas de las que tenemos constancia. Aunque sus creencias religiosas son similares a la del resto de los navarros, sus ritos son muchas veces extraños y exóticos. Cualquier intento de civilizar a estas gentes ha resultado infructuoso, por lo que parece que continuarán viviendo como vivieron sus ancestros durante varias generaciones más.
Pese a lo explicado anteriormente, el euskera no es la lengua mayoritaria del Reino. Mientras que sabios y miembros del clero se obcecan en la pervivencia de la lengua latina, las clases populares y el grueso poblacional del centro, sur y este del reino emplean una lengua conocida como navarro-aragonés, o simplemente navarro si nos centramos en nuestras tierras, puesto que dicha lengua no está aún normalizada y cuenta con una gran variedad de dialectos desde Castilla hasta Urgell. El navarro es fruto de la unión del latín con las lenguas de la zona, principalmente el arcaico euskera, unido a influencias celtas y mozárabes. Se habla principalmente al sur de Pamplona y en Aragón, mientras que en el norte predomina el antiguo euskera.
Por último, deben resaltarse los atributos religiosos del pueblo navarro, decididamente cristiano. El período de ocupación musulmana sobre la región no ha dado fruto alguno en el aspecto religioso, y son exiguas las minorías religiosas en Navarra. Al sur, eso sí, quedan aún muchas tierras sarracenas en la que impera la palabra de Mahoma. Tarea del rey de Pamplona será la de inspirarse en sus gentes para convertir a los enemigos de Nuestro Señor a la religión verdadera.